España, segundo país con más mujeres sin hijos: ¿vivienda o ideología?
España solo superada por Japón en el ranking mundial de mujeres sin descendencia. El dato, publicado por El Debate en enero de 2026, sitúa al país como el segundo con mayor porcentaje de mujeres que no han tenido hijos, solo por detrás de la nación asiática. La noticia ha reabierto el debate sobre las causas profundas de la baja natalidad, donde se enfrentan dos grandes corrientes de análisis.
El factor económico: vivienda y salarios
Un primer bloque de argumentos señala a la especulación inmobiliaria y la precariedad laboral como los principales asesinos de la natalidad. La relación entre el precio de la vivienda y los salarios en España es una de las más desfavorables de Europa. Cuesta creer que una pareja joven pueda plantearse tener hijos cuando destina más del 40% de sus ingresos al alquiler. No es solo un problema español: Japón arrastra una crisis similar desde hace décadas, con una generación perdida que no pudo independizarse. El coste de la vida, la falta de estabilidad y el encarecimiento de los servicios básicos completan el cuadro.
La corriente cultural: feminismo, hipergamia y valores
Frente a la explicación económica, emerge un relato que apunta a cambios culturales y de comportamiento. La denominada ingeniería social, el feminismo hegemónico y la hipergamia femenina aparecen como responsables. Según esta visión, las mujeres con mayor nivel educativo y aspiraciones profesionales retrasan la maternidad o la descartan por completo. La búsqueda de parejas que cumplan estándares cada vez más exigentes –el 'Fast Family Plan'–, combinada con la priorización de la carrera y el ocio, explicaría por qué incluso en contextos de estabilidad económica no se tienen hijos. Los datos de España y Japón, dos de las sociedades más educadas y tecnificadas, parecen darle la razón a esta tesis.
Inmigración y futuro demográfico
El debate no se detiene en las causas, sino que proyecta consecuencias. Si las tasas de natalidad de las mujeres nativas siguen cayendo, el relevo generacional dependerá de la inmigración. Ya se apunta a que la población de origen africano y latinoamericano mantiene una fertilidad más alta, lo que transformará el perfil demográfico del país en las próximas décadas. Algunos ven en ello una solución natural; otros, una amenaza a la identidad nacional.
El dato es tozudo: España y Japón lideran un fenómeno que ningún país desarrollado ha logrado revertir con políticas de incentivos. La pregunta que flota es si el problema es de cartera o de cabeza. O quizá ambas.
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