Berriozar: una veintena de encapuchados irrumpe en un bar y agrede a militares que veían la final del Mundial
¿Qué llevó a un grupo organizado a atacar a doce militares del Regimiento América 66 en un bar de Berriozar mientras seguían la final del Mundial? Los hechos, ocurridos el 19 de julio de 2026, no fueron un incidente aislado. Esa misma tarde, en Vitoria-Gasteiz, una treintena de personas agredió con gas pimienta a dos jóvenes aficionados de España, y en Bilbao otro grupo intentó sabotear la pantalla gigante donde se retransmitía el partido.
Asalto coordinado y con material policial
Según testimonios recogidos por El Mundo, los agresores, unos veinte y encapuchados, irrumpieron en el bar de Berriozar y atacaron a los militares que estaban de permiso. Usaron porras extensibles -material que no se encuentra en cualquier tienda- y actuaron de forma coordinada, lo que sugiere premeditación. Las víctimas pertenecían al Regimiento América 66, con base en la zona. Tras la agresión, acudieron a declarar ante sus mandos.
Tensión política y banderas falsas
El debate sobre los motivos está envenenado. Por un lado, se apunta a un ataque de radicales contra símbolos españoles -los militares vestían de paisano, pero las banderas de España en el bar podrían ser el detonante-. Por otro, hay quien sospecha de un montaje: la coordinación, el uso de material no convencional y la presencia de incidentes simultáneos en tres localidades vascas (Berriozar, Vitoria, Bilbao) alimentan teorías de falsa bandera. No hay pruebas concluyentes, pero el contexto de alta tensión política en Navarra y el País Vasco no ayuda a aclarar los hechos.
Incidentes en cadena
En Vitoria, dos jóvenes fueron atacados con gas pimienta cerca de la Catedral Vieja mientras se dirigían a la Plaza de España a ver el partido. La Ertzaintza desplegó patrullas para localizar a los autores, sin resultado hasta el cierre de esta edición. En Bilbao, otro grupo intentó sabotear la pantalla gigante, aunque no se registraron heridos. La concatenación de agresiones en la misma tarde apunta a una coordinación que trasciende lo espontáneo.
El patrón se repite: grupos organizados, objetivos vinculados a la selección española, y un silencio institucional que algunos interpretan como complacencia. Mientras, el relato oficial se limita a confirmar los hechos sin ofrecer hipótesis. Quizá porque ninguna explicación sencilla encaja bien. O quizá porque la verdad, como las porras extensibles, no se encuentra en los chinos.