La Rioja busca jóvenes contra la violencia machista: ¿subvención o chiringuito?
El Gobierno de La Rioja ha lanzado una convocatoria dirigida a jóvenes de 16 a 30 años para implicarse en la lucha contra las violencias machistas. La iniciativa, presentada sin grandes alardes, ha generado un coro de preguntas incómodas. La primera, inevitable: ¿quién paga esto? La segunda, más práctica: ¿cuál es el sueldo? En la convocatoria original, el salario no se especifica, lo que dispara las sospechas de que se trate de un trabajo no remunerado o mal pagado, en el mejor de los casos.
Detrás del anuncio asoma la vieja desconfianza hacia lo que en la jerga se llama "chiringuito": un programa público de dudosa utilidad, financiado con impuestos, que sirve más para engrosar currículos que para resolver el problema. La ausencia de condiciones laborales concretas no ayuda. Y es que, en un contexto de precariedad juvenil, pedir a los jóvenes que dediquen su tiempo a "desmontar bulos" o a sensibilizar sin una retribución clara suena a explotación del voluntarismo.
La propuesta cojea también en el lenguaje. Se habla de "jóvenes" en masculino genérico, pero la lucha contra la violencia machista afecta especialmente a las mujeres. El olvido de "jóvenes" en femenino ha sido otro detalle que no ha pasado desapercibido.
El escepticismo no es gratuito. En la práctica, los jóvenes más formados y ambiciosos de la región —los que podrían aportar un análisis riguroso— están ocupados estudiando o trabajando, a menudo con el objetivo de emigrar a zonas con mejor mercado laboral. La Rioja sufre una fuga de talento que estas iniciativas, lejos de frenar, parecen ignorar. Mientras tanto, quienes se apunten probablemente sean los que menos opciones tienen, lo que convierte el programa en un parche más que en una solución.
El dato que descoloca: en un contexto donde los discursos políticos prometen empleo de calidad para los jóvenes, la convocatoria se queda en el aire, sin una cifra de inversión ni un número de plazas. Quien quiera saber cuánto cuesta realmente parar las violencias machistas tendrá que esperar a que alguien lo ponga negro sobre blanco.