Un socavón de 8 metros se traga un baño y 93 viviendas en Barcelona: la factura de la L9
El barrio del Putxet amaneció con el suelo literalmente engullido. La obra de la Línea 9 del metro de Barcelona se ha cobrado un baño, una pizzería y, de paso, la tranquilidad de los residentes de cinco edificios desalojados. Las cifras del incidente: un agujero de ocho metros de diámetro y cuatro de profundidad que ha obligado a evacuar 93 viviendas. Mientras las hormigoneras trabajan a contrarreloj, la tuneladora sigue a 12 metros del cráter y sin intención de parar.
Un precedente que se repite
No es la primera vez que una infraestructura subterránea pone en jaque un barrio. El Carmel, en 2005, se convirtió en ejemplo de gestión desastrosa: edificios derribados, realojos eternos y reclamaciones que duran décadas. Ahora el fantasma del Carmel reaparece en un barrio de Sant Gervasi, donde los pisos valen más de un millón de euros. La diferencia es que esta vez el nivel adquisitivo de los afectados no garantiza una solución rápida. Tampoco es un caso aislado: en Madrid, la ampliación de la Línea 7 dejó un municipio entero con bloques afectados, y los vecinos siguen en juicios y realojos años después. El patrón se repite: obras que se eternizan, seguros que no cubren, y administraciones que se lavan las manos.
El coste invisible para los propietarios
¿Quién paga los hoteles cuando el seguro no cubre? El Ayuntamiento ofrece albergues municipales a quienes no puedan costearse una habitación. La ironía: residentes de una de las zonas más caras de Barcelona durmiendo en colchones de emergencia. Mientras, los propietarios con hipoteca siguen pagando al banco por una vivienda que quizá no vuelvan a ver en pie. Los comercios, como el bazar chino de dos plantas o la consulta dental, mantienen sus alquileres sin poder abrir. Una factura que nadie parece querer asumir. Los afectados de Sant Gervasi, en su mayoría solventes, temen que cualquier retraso en la reclamación les deje sin crédito para una nueva hipoteca. La burocracia, como siempre, es el enemigo silencioso.
La versión oficial y las grietas
La Generalitat apunta a un «pequeño movimiento de tierras» provocado por la tuneladora. La máquina, ahora a 12 metros del socavón, no se detiene. Los vecinos, desalojados, ven cómo las grietas se extienden por los bajos de los edificios. Se habla de posibles demoliciones, pero nadie lo confirma. La consellera Paneque promete una reevaluación el miércoles; los residentes, que ya han pasado una noche fuera, no saben cuándo volverán. La respuesta institucional, como en el Carmel, huele a parches. Mientras tanto, el agujero se rellena con hormigón, pero la pregunta es si eso resolverá el problema o solo lo esconderá.
La historia del Putxet se parece demasiado a la del Carmel, pero con un matiz: el valor del suelo. Si el túnel se traga casas de lujo, la presión será mayúscula. La pregunta de fondo es si la administración está preparada para asumir el coste real de una obra que ya acumula décadas de retrasos y sobrecostes. A día de hoy, la única certeza es que el baño de la pizzería Verona ha desaparecido. El resto, está en el aire.