Zegna, la nómina de famosos y la gorra a los 60, a debate
El hilo suelta el desglose y se va a otro asunto. Ya no se discute cuánto cuesta el conjunto, sino quién lo paga. Y de propina, si el material importa y hasta cuándo se puede llevar la gorra hacia atrás.
Qué se ha sabido
Un participante sostiene que las estrellas no pisan las tiendas: las marcas les mandan la ropa y hasta les envían a gente para ajustarla. Enumera nombres que, dice, están en la nómina de Zegna: Mourinho antes de su etapa en el Madrid, De Niro, Mikkelsen y algún actor más de uniforme y guerra.
«No pisan una tienda», escribe. Otro lo contrasta: no son un deportista saliendo de una tienda de lujo con cuatro bolsas para que se vea la marca.
La cifra nueva del tramo es la de la comparación: el mismo look en Pull&Bear saldría por
100 euros.
A partir de ahí, media docena de mensajes sueltan referencias. Uno recuerda que en la velada de Ibai se comentó el conjunto de los asistentes y que el que más andaba rondaba los
150.000 euros, relojes incluidos. Otro apunta que salió la noche anterior en El Hormiguero. Un tercero lo resume en que no le falta nada. Y un cuarto pide, sin más, que le echen a patadas. Se cuela también un chiste local sobre alguien de San Sebastián pidiendo un jersey que no sabe qué talla quiere porque es para ponérselo por los hombros, y un tercero zanja: en Donosti no se acepta menos.
Dónde está la bronca
Tres peleas, y ninguna va del precio en sí.
La primera es la nómina. Frente a la idea de que las marcas pagan, sigue viva la versión de que Pitt puede hacerlo gratis. Quien defiende el pago responde con nombres: la casa tiene a varios famosos en plantilla y ninguno compra. El matiz que ponen es que no es lo mismo un deportista paseando bolsas por la calle que esto.
La segunda va de materiales. Un forero ataca los dos argumentos de siempre, materiales y hecho a mano en Italia, y los llama tontería. Su razonamiento: a ese nivel, el cachemir da igual, porque una chupa de ante de
8-9 mil euros no se va a usar la temporada siguiente y el tejido pierde peso. Y lo de hecho a mano en Italia, añade, tampoco cambia el resultado de la prenda. Hay quien lo firma con un «tiene sentido».
La tercera es la edad, y vuelve fuerte. Un participante sostiene que a los 60 se viste como los jóvenes para parecerlo, y que a los pensionistas les da igual ser lo que son: no van con cazadora tejana. Enfrente, otro defiende que quien sigue con el cuero, las motos y la cerveza a los 60 o 70
sí ha encontrado su lugar. Un tercero lanza la pregunta: hasta cuándo se puede llevar la gorra hacia atrás sin quedar mal. Y un cuarto se presenta: 65 años,
«llevados regular», y asegura que él está más guapo.
A eso se suman dos cosas. Una: que gastar así solo tiene sentido si alguien lo reconoce. Un forero admite que él no tiene ni idea de lo que vale cada prenda y sospecha lo frustrante que es pagar y que nadie de tu entorno lo note. Otra: el gasto del festival. Hay quien reprocha que se hayan gastado millones en traer a una estrella y lo dice con dureza. Y hay quien propone otra cosa: que vista un traje normal y ceda el resto a una fundación.
«Eso sí que sería buena propaganda», escribe.
Cuarta bronca, más pequeña: la ropa ancha. Uno sostiene que la prenda holgada que sienta mal la inventó Amancio para ahorrarse devoluciones en internet, y que ahora la lleva hasta Pitt. Otro sentencia que la ropa de la marca deportiva no hay por dónde mirarla. Y un tercero lo resume: ropa ancha manda.
Dos dardos rápidos, de propina. Uno, estético: por esa cifra podría haber elegido ropa que le quedara mejor. Otro, de coherencia: critica el derroche de un político y luego se gasta eso en un abrigo. Nadie lo desarrolla. Y una salida de tono lateral: los cánones de belleza antiguos y el aviso de que no todos los Adonis eran fibrados.
Y dos ramas cortas. Un forero suelta que le han timado, aunque matiza que otras veces lo ha visto con estilo guay y que le sigue cayendo bien. Y vuelve, de refilón, el asunto de las estafas sentimentales que usan su nombre, esta vez culpando a quien las sufre. Sin pruebas y sin desarrollo.
Qué cambia respecto a antes
El precio queda aparcado. La discusión ya no es si la cifra es alta o baja, sino si alguien la pone. La teoría de que las marcas prestan ropa gana detalle: ahora tiene nombres propios. Entra con peso la edad y la gorra, que antes era un comentario suelto. Entra la propuesta de donar el dinero y la crítica al gasto del festival. Y se cuela el debate de la ropa holgada, con Amancio de por medio. Lo de siempre, los que no ven el precio por ningún lado y los que le imaginan una chupa de cuero, sigue en su sitio, sin moverse.