Un tuit viral sostiene que un piso del extrarradio de Madrid que en 2012 costaba 120.000 euros hoy vale 360.000, seis veces lo que considera su precio real. La comparación mezcla precios de mercado con una estimación personal y obvia el efecto de la inflación y la escasez de suelo.
La escena de La que se Avecina de 2012 en la que un personaje grita «BOOOOOOOOLOM» se ha convertido en un meme recurrente para expresar incredulidad ante una supuesta estafa. Ese mismo año, según un tuit que circula por redes, un piso en el extrarradio de Madrid se vendía por 120.000 euros y ya entonces se consideraba caro. El autor del mensaje afirma que su precio real era 60.000 euros.
El precio real de un piso no lo fija un tuit
La afirmación de que un inmueble vale la mitad de lo que se paga por él es una opinión, no un dato contrastable. El precio de la vivienda lo determinan la oferta, la demanda, la ubicación y la financiación disponible. En 2012, España atravesaba el estallido de la burbuja inmobiliaria: los precios habían caído desde máximos de 2007, pero seguían muy por encima de los niveles de los años noventa. Un piso de 60.000 euros en el extrarradio de Madrid en esa fecha era una excepción, no la norma.
De 120.000 a 360.000 euros en catorce años
El tuit sostiene que ese mismo piso, con los mismos ladrillos pero más desgastados, vale hoy 360.000 euros, seis veces lo que su autor considera su precio real. La cifra no viene acompañada de ninguna fuente. Entre 2012 y un hipotético 2026 median catorce años en los que la inflación acumulada en España ronda el 30%, según el INE, lo que explicaría parte de la subida, pero no toda. El resto se atribuye, sin prueba alguna, a lo que el mensaje llama intermediarios que se lucran del trabajador que necesita vivienda.
Un debate que mezcla indignación y datos sin verificar
El mensaje termina con un insulto y una descalificación política que no aportan nada al análisis económico. La indignación por el precio de la vivienda es real y afecta a millones de personas, pero atribuir la subida a un supuesto robo colectivo sin aportar ni una sola escritura, ni una nota simple, ni un anuncio contrastable convierte una queja legítima en un bulo más. Si alguien afirma que un piso vale seis veces su precio real, lo mínimo es decir de dónde sale ese cálculo. Y no, no sale de ningún sitio.