El Nikkei se hunde un 13% en una sesión histórica
El lunes 5 de agosto de 2024, la Bolsa de Tokio registró la mayor caída porcentual de su historia, con un desplome del 12,4% en el índice Nikkei 225. Los principales bancos japoneses perdieron un 20% de su valor, y el pánico se extendió a toda Asia: Taiwán cayó un 7%, Corea del Sur detuvo el trading por volatilidad, y los futuros estadounidenses apuntaban a una apertura en rojo. El detonante inmediato fue la subida de tipos del Banco de Japón (BOJ) el 31 de julio, que rompió el carry trade del yen y obligó a los inversores a deshacer posiciones masivamente.
El carry trade del yen que se volvió en contra
Durante años, los fondos de cobertura y traders globales pidieron préstamos en yenes a tipos cercanos a cero para invertir en activos de alto rendimiento, principalmente tecnología estadounidense. Cuando el BOJ subió tipos al 0,25%, el yen se apreció un 10% en pocos días, y los prestamistas se encontraron con pérdidas en ambas direcciones: tenían que devolver un yen más caro y vender las acciones compradas con ese apalancamiento. "Esto es un cisne zain anunciado", escribió un analista en el debate, recordando las advertencias de Nassim Taleb sobre la explosión violenta de mercados sostenidos artificialmente.
Caídas en cadena y reacción de los bancos centrales
La liquidación forzosa alcanzó al Bitcoin, que perdió un 15%, y a las siete magníficas tecnológicas. La Fed aún no había intervenido, pero el mercado esperaba una declaración de urgencia. Mientras, en las calles de Osaka y Tokio, los turistas llenaban terrazas, ajenos al pánico bursátil. "Hoy no ha pasado nada", ironizaba otro participante, reflejando el escepticismo de quienes ven estas correcciones como oportunidades de compra. Sin embargo, los datos de paro en EE.UU. del viernes anterior ya habían mostrado debilidad, y el consenso apuntaba a que la recesión global podría estar más cerca de lo que admiten los bancos centrales.
¿Qué viene ahora?
La historia de Japón es la de un experimento monetario de tres décadas con tipos negativos que terminó en un ajuste doloroso. El BOJ se enfrenta al dilema de seguir subiendo para estabilizar el yen, o recortar para calmar los mercados. Por el momento, el Nikkei ha rebotado un 5% en las horas siguientes, pero la volatilidad sigue siendo extrema. Lo que nadie explica es por qué los responsables políticos ignoraron las señales de que el carry trade era una artefacto explosivo de relojería.
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