Pegasus: la exclusiva de Ketty Garat y el testigo que no aparece
La exclusiva más difundida de la semana se sostiene sobre una paradoja difícil de digerir: quien, según las informaciones publicadas, estaría en disposición de desvelar el contenido del móvil de Pedro Sánchez no ha enseñado todavía una sola prueba en público. Lo demás ya está en marcha. El titular, el plató, el enfado ministerial y una polémica que amenaza con convertirse en otro capítulo largo del serial Pegasus. La periodista Ketty Garat ha puesto sobre la mesa la pieza que faltaba; la pregunta es quién va a sostenerla cuando se apague el ruido.
Qué sostiene exactamente la exclusiva de ABC
Según la información publicada por ABC y difundida después en televisión, el número dos de la inteligencia marroquí habría infectado el teléfono del presidente del Gobierno y estaría en disposición de ofrecer su contenido. La intervención de cuatro minutos en el programa Horizonte funcionó como caja de resonancia: un titular de portada convertido en clip, y un clip convertido en conversación nacional.
Conviene separar dos planos. Uno es tecnológico: qué se hizo, con qué herramienta y con qué alcance. Otro, bastante más incómodo, es humano: quién lo cuenta, por qué ahora y con qué garantías. El relato atribuye el operativo a una estructura de inteligencia extranjera, pero hasta la fecha no ha trascendido un solo documento verificable más allá de la propia narración periodística.
El testigo que vive entre Madrid y Cáceres
El Debate situó al supuesto ex número dos del espionaje marroquí escondido entre un piso en Madrid y una finca en Cáceres, presentándolo como uno de los miembros de la cúpula de la red de información de Mohamed VI. Un perfil que, de confirmarse, explicaría a la vez el interés periodístico y el miedo de quien lo cuenta.
La reacción no tardó. Los abogados de Mehdi Hijaouy difundieron un comunicado desde París fechado el 9 de septiembre de 2026 en el que desmentían «con la mayor firmeza» las alegaciones publicadas por el diario español. Traducido: la exclusiva se apoya en una fuente que, por ahora, niega formalmente ser la fuente.
El lío legal: publicar datos ajenos tiene consecuencias
Aquí aparece el flanco más incómodo del asunto. Difundir el contenido personal de un dispositivo ajeno tiene consecuencias penales para casi cualquiera. Que un medio pretenda publicar el material de un teléfono institucional y salir indemne es, cuando menos, una asimetría que la ley no mira con simpatía.
A eso se suma el pulso con la Fiscalía. La versión defendida desde la tribuna periodística es que las pruebas ya se habrían aportado y que el rechazo a la vía oficial obliga a recurrir a la opinión pública. El problema del argumento es de siempre: lo que no pasa por un juzgado rara vez termina de acreditarse ante la opinión.
Cembrero, Puente y el ruido de fondo
La polémica ha salpicado a otros nombres. Ignacio Cembrero ha negado estar detrás de la filtración conocida como Jabaroot, y el cruce de mensajes públicos entre ambos periodistas ha dejado claro que la relación está rota. El ministro Óscar Puente, por su parte, respondió con sorna a una reflexión sobre lobos que callan y perros que ladran. Nada de esto aporta una sola prueba. Sí explica el clima.
El software israelí y el escepticismo de fondo
Hay un detalle técnico que apenas se discute: Pegasus es un software israelí y, según se ha señalado públicamente, contaría con una puerta trasera atribuida al Mossad. Si eso es así, cualquier contenido extraído del teléfono pasó antes por manos que no son marroquíes ni españolas. Un matiz que descoloca buena parte del relato oficial de la exclusiva.
Y luego está el cansancio. La sospecha dominante es que, se publique lo que se publique, no habrá consecuencias: ni dimisiones, ni imputaciones, ni siquiera una rectificación. La referencia recurrente a las 72 horas, medio en broma medio en serio, resume esa desconfianza. Enfrente, quien recuerda que esta periodista lleva años anunciando cosas que después se confirmaron por vía judicial, y quien sostiene que vive de fabricar expectación. El material completo del supuesto pinchazo, con nombres, fechas y operativa, es la pieza que nadie ha puesto encima de la mesa.
Queda la duda de siempre, la que ningún plató resuelve: si la fuente no enseña el material y los tribunales no lo validan, ¿qué queda de la exclusiva, un caso real, un señuelo o la enésima promesa que se apaga en tres días?