Un audio de Koldo afirma que Sánchez sabía de la trama
Una grabación incautada por la Guardia Civil a Koldo García, exasesor del exministro José Luis Ábalos, recoge una conversación en la que se afirma que Pedro Sánchez está al tanto de los contratos investigados y que las instrucciones llegan a Santos Cerdán. El material, difundido por Antena 3, ha reabierto el debate sobre hasta dónde alcanza la responsabilidad del presidente del Gobierno en la supuesta trama de mordidas que instruye el Tribunal Supremo.
El asunto llega en un momento en que ya están imputados la mujer y el hermano del presidente, además de su fiscal general, y con Cerdán señalado como número dos del partido. La pregunta que recorre los mentideros no es ya si el audio es auténtico, sino si sirve para imputar a Sánchez o si se quedará en un nuevo capítulo de escándalo sin consecuencias judiciales.
Qué dice exactamente el audio de Koldo
Según el relato que se hace del contenido, en la grabación Koldo habla con otra persona no identificada y sostiene que Sánchez lo sabe todo y que es quien da las órdenes a Cerdán sobre los contratos. No hay, en lo difundido, una voz del propio presidente ni una prueba documental que lo vincule directamente a los pagos.
Ahí está el nudo del asunto. Para una parte del análisis, que dos personas grabadas en su entorno más cercano, mientras negociaban comisiones y sin aparente incentivo para mentir en ese sentido, mencionen al presidente como responsable es un indicio sólido que la justicia debería investigar. Para otra, un indicio no es una prueba: la ley exige algo más que la afirmación de un tercero en una conversación privada.
La discusión se parece sospechosamente a la que se libró en su día con las anotaciones de la contabilidad paralela del caso Bárcenas. Entonces, quienes hoy piden cautela defendían que un apunte con las iniciales de un presidente bastaba para imputarle; ahora, con las tornas cambiadas, exigen pruebas documentales. La simetría no se sostiene, pero el patrón se repite: importa menos el qué que el quién.
Quién es Santos Cerdán y por qué aparece en la conversación
El audio sitúa a Cerdán como el único canal de acceso al presidente. La descripción que se hace de la estructura interna del partido es la de un guardián de secretos: nadie habla directamente con Sánchez, todo pasa por su número dos. Esa arquitectura, señalan algunos análisis, explicaría por qué hay grabaciones de Cerdán con Koldo pero no las habría del propio presidente.
El argumento tiene doble filo. Si el filtro es tan hermético, la ausencia de grabaciones directas no prueba nada; si el filtro no lo es tanto, la responsabilidad se diluye hacia arriba sin llegar nunca a la cúpula. En cualquier caso, la figura de Cerdán queda en el centro del tablero y su nombre aparece ya en las quinielas sobre quién acabará imputado.
Hay quien apunta, con retranca, a que el ordenador y el móvil de Cerdán podrían haber sufrido un formateo «por seguridad» hace una temporada. Es una hipótesis sin confirmar, pero resume bien el clima: la sospecha se ha instalado antes de que la justicia diga nada.
El robo en casa de la madre de Koldo: ¿casualidad o aviso?
Uno de los episodios más comentados es el robo en el piso de la madre de Koldo en Benidorm, donde los ladrones se llevaron apenas 50 euros y un anillo. Fuentes del entorno del exasesor sostienen que el verdadero objetivo podrían ser las grabaciones que conserva del caso. La Policía, según las informaciones publicadas, lo considera una casualidad sin relación con la causa.
La coincidencia temporal es, como mínimo, llamativa. Un robo de botín ridículo en el domicilio de un testigo clave de una trama de corrupción es el tipo de detalle que alimenta teorías sin necesidad de pruebas. No hay indicios de que el asalto tenga relación con el caso, pero la secuencia —audios que salen, robo que entra— da material a quien sospecha de todo.
Imputar a Sánchez: qué haría falta y quién tendría que mover ficha
La cuestión jurídica es la que más se repite. Para imputar al presidente del Gobierno no basta con que un tercero lo mencione en una conversación: haría falta que algún juez apreciara indicios suficientes y que alguna acusación —Vox, alguna asociación, un particular— presentara la correspondiente denuncia o querella. Hasta ahora, nadie lo ha hecho con este material.
El cálculo político es otro. El PSOE mantiene sus apoyos parlamentarios y los socios de investidura no parecen dispuestos a tumbar el Gobierno por un escándalo de corrupción más. La base electoral que vive del presupuesto público y los votantes más fieles no se mueven por estos asuntos. El desgaste existe, pero no se traduce en una mayoría alternativa.
La consecuencia práctica es que el caso sigue su curso judicial sin fecha de caducidad y sin desenlace a la vista. Los indicios se acumulan, las imputaciones gotean y la pregunta sobre si el presidente sabía o no se queda, de momento, sin respuesta judicial.
Con estos mimbres, el cesto se teje solo: audios que apuntan arriba, un entorno imputado, un número dos en el foco y una oposición que aún no ha movido ficha en los tribunales. El caso no se cierra aquí. Se queda exactamente donde estaba: en el aire.