El boicot a Marruecos se topa con el etiquetado: el 611 no es lo que parece
En plena escalada de tensión, un consumidor concienciado puede pasarse media tarde en el súper mirando códigos de barras. El objetivo: detectar productos marroquíes. La herramienta favorita: el prefijo 611. El problema: no significa lo que muchos creen.
El prefijo 611 del EAN-13 no indica dónde se ha producido nada. Indica en qué organización nacional de GS1 se dio de alta la empresa que solicitó el código. Lo dice la propia GS1 en su documentación, porque están hartos de esta confusión desde hace veinte años. Una empresa marroquí con filial en España registra sus códigos aquí y le salen empezando por 84. Una multinacional con sede en Bélgica pone 54 en todo lo que vende aunque lo fabrique en cinco continentes. Y al revés: un 611 puede corresponder a una empresa registrada en Marruecos que envasa producto capturado o cultivado en otro sitio.
Las claves reales del etiquetado
Para identificar el origen marroquí hay que mirar otras cosas: la mención literal "Origen: Marruecos" o "Produit du Maroc", la abreviatura MA en sellos sanitarios (especialmente en pescado), o la Zona FAO de pesca, como la 34 (Atlántico Centro-Oriental) o la 37 (Mediterráneo). Son indicadores más fiables, aunque tampoco infalibles.
El boicot y sus límites prácticos
El boicot como presión política tiene un problema de fondo: la dependencia comercial. España importa de Marruecos una parte significativa de su fruta y verdura, y grandes cadenas como Mercadona tienen intereses directos en el país. La propuesta de bloquear camiones en Algeciras o Tarifa, que algunos plantean, choca con la realidad de la UE: las fronteras no son nuestras y los empresarios con producción deslocalizada no lo permitirían.
Mientras tanto, el consumidor medio sigue comprando lo de siempre. La incoherencia, como se ha visto en otros boicots, no se cura con un hashtag.