Bob Pop se postula a la alcaldía de Barcelona: ¿continuidad o delirio?
El escritor y tertuliano Bob Pop ha anunciado su candidatura a la alcaldía de Barcelona, con la intención explícita de continuar el legado de Ada Colau. Lo hizo este lunes en la Cadena SER, donde aseguró que quiere «devolver la ciudad a la gente». La noticia ha caído como una bomba en el panorama político catalán, y no precisamente por la solvencia de su programa.
Pop, conocido por su perfil provocador y su pasado vinculado a la prostitución de menores –que él mismo relató en un libro autobiográfico de 2010 sobre saunas de Sabinillas–, se presenta como el candidato que puede aglutinar el voto progresista más rupturista. Sin embargo, su carrera política no genera precisamente consenso. Mientras unos lo ven como el relevo natural de Colau, otros consideran que es la caricatura definitiva de una izquierda que ha perdido el norte.
El perfil económico de un candidato atípico
Bob Pop no tiene experiencia en gestión pública, pero tampoco la tenía Colau cuando llegó. Su candidatura se apoya en un vago discurso de «devolver la ciudad a la gente», sin concretar medidas económicas. En un momento en que Barcelona lucha por recuperar el pulso turístico y comercial tras la pandemia, su perfil resulta, cuanto menos, inquietante para el empresariado. El tejido productivo barcelonés ya ha sufrido con las políticas de Colau: restricciones turísticas, subidas de impuestos y un clima hostil hacia el sector servicios. Con Pop, los analistas temen un giro aún más radical.
Hay quien sostiene que su candidatura es un espejismo mediático y que no llegará a la alcaldía. Pero el precedente de Colau demuestra que en Barcelona lo inesperado es posible. Otros, en cambio, ven en Pop la síntesis perfecta de una ciudad que ha abrazado el postureo progresista: la capital del «wokismo», del postureo y de la decadencia económica.
El escándalo de las saunas pesa como una losa
El principal lastre de Pop es su pasado. En 2010 publicó un libro donde confesaba haber pagado por sexo con jóvenes –presuntamente menores– en saunas de Sabinillas. Han pasado 15 años y el caso no ha tenido recorrido judicial, pero la sombra de la sospecha persigue al candidato. En un contexto donde la corrupción y los abusos son carne de cañón política, esta mochila biográfica puede resultar insalvable. Sin embargo, en una ciudad que ha normalizado lo extraordinario, nada se descarta.
Reacciones: entre la esperanza y el esperpento
La candidatura ha provocado reacciones viscerales. Hay quien la defiende como un soplo de aire fresco para una política anquilosada. Pero la mayoría de las críticas apuntan a que Pop representa la degradación institucional. La comparación con personajes de ciencia ficción o con el propio Bob Esponja no es casual: para muchos, su figura es un meme andante. Y sin embargo, en un contexto político donde el espectáculo vence a la gestión, Pop podría capitalizar el voto de la indignación.
El dato que descoloca
Barcelona ha perdido más de 1.500 empresas en los últimos cinco años, muchas de ellas trasladando su sede a Madrid. Con un candidato que acumula más polémicas que propuestas, la fuga empresarial podría acelerarse. Paradójicamente, la normalización de lo grotesco –de Colau a Pop– está convirtiendo la Ciudad Condal en el laboratorio de una izquierda que, a fuerza de radicalizarse, se vacía de contenido económico.