Bego Antón retrata la caza de brujas: ¿realidad o ficción histórica?
La fotógrafa bilbaína Bego Antón, premio Revelación de PHotoEspaña 2017, ha puesto el foco en uno de los episodios más oscuros de la historia europea: la persecución de la brujería. Su proyecto documental, iniciado hace una década, explora la memoria de las supuestas brujas en Euskal Herria. Pero la reacción de los historiadores aficionados ha sido fulminante: la Inquisición española, a diferencia de la de otros países, nunca ejecutó a ninguna bruja en el País Vasco.
La Inquisición española frente al mito de la bruja
El argumento no es nuevo, pero cobra fuerza con cada nuevo trabajo que lo cuestiona. La Inquisición española consideraba la brujería como una superstición pagana y no perseguía a las brujas, sino a quienes creían en ellas. Según datos recogidos en la discusión, el número de ejecuciones por brujería en el llamado País Vasco es cero. Esto contrasta con la caza de brujas en países protestantes, donde ardieron decenas de miles.
El proyecto de Bego Antón: memoria y sesgo
Antón, formada en periodismo, ha centrado su obra en comunidades y creencias fuera de la norma. Su serie fotográfica sobre brujería se enmarca en una corriente revisionista que busca desmontar el cliché de la bruja anciana y malvada. Sin embargo, algunos críticos señalan que este enfoque puede alimentar una narrativa antiespañola que atribuye a la Inquisición una crueldad que, en este aspecto concreto, no tuvo.
Cuesta separar el arte de la ideología. Mientras la artista rescata memorias locales de represión, los datos históricos indican que la persecución institucional de la brujería en España fue casi inexistente. El debate queda abierto: ¿es lícito usar una opresión real —la de las mujeres acusadas de brujería— para construir un relato que la historiografía no respalda?