¿Ponerse la banderilla de la gripe a los 80? El dilema de los yayos
¿Debe un mayor de 80 años banderilla contra la gripe? La pregunta ha vuelto a las cocinas españolas después de que dos ancianos de 70 y 80 y pico pasaran las navidades con gripe A, fiebres de 39 y crisis respiratorias. Ninguno estaba medicado. La duda, razonable, es si la banderilla de toda la vida sigue mereciendo la pena o si la tecnología ARNm ha colado algo nuevo en la jeringuilla.
La gripe no es un catarro, pero la banderilla tampoco es infalible
Los casos que abren la conversación no son anecdóticos. Dos familiares mayores, sin banderilla, pasaron semanas con fiebre altísima y dificultad para respirar. La gripe sigue matando cada año a miles de personas mayores, así que la prevención no es un capricho. El problema es que las cepas de la banderilla se eligen con meses de antelación y algunas temporadas aciertan poco. Hay quien lo resume como una lotería: te pinchas y la cepa que viene no coincide con la que metieron en el vial. La temporada 2024-2025 lo dejó en evidencia: medio mundo arrastrando la gripe A.
¿Banderilla clásica o ARNm? La pregunta que desconcierta
Uno de los ejes de la controversia es saber si la banderilla de la gripe sigue siendo la de siempre, con bicho atenuados o inactivados, o si ya ha incorporado la nueva tecnología de ARNm. La respuesta corta es que, en la campaña reciente, la mayor parte de las banderilla antigripales eran todavía las clásicas. Pero la transición está en marcha: Estados Unidos ya ha aprobado una banderilla de ARNm contra la gripe y el plan, según la información manejada, pasa por fusionar varias banderilla en un mismo pinchazo. Esa perspectiva es la que más repelús genera entre quienes desconfían, sobre todo porque las banderilla de ARNm de segunda generación podrían ser «autorreplicantes», una palabra que no invita precisamente a la calma.
La evidencia que siembra dudas
Los escépticos de la banderilla antigripal tienen un dato que esgrimir. Se trata de un estudio de efectividad para la temporada 2024-2025 que concluye que la banderilla de los adultos en edad laboral se asoció con un mayor riesgo de contraer la gripe en esa temporada. O sea, más medicado, más gripe. El hallazgo contradice la narrativa habitual y alimenta la sospecha. Los defensores de la banderilla matizan que en los mayores el beneficio principal no es evitar el contagio, sino reducir las hospitalizaciones y la mortalidad. El matiz tiene sentido, pero no llega a disipar la incomodidad.
Adyuvantes, polisorbato y el famoso Informe Barbastro
En la controversia aparecen también los adyuvantes y el polisorbato, sustancias que acompañan al principio activo y que algunos señalan como problemáticas. Se cita incluso el llamado Informe Barbastro, con denuncias sobre la repercusión de las banderilla antigripales en la tercera edad que luego se habrían silenciado. No hay confirmación oficial de esas denuncias, pero su sola circulación explica buena parte de la resistencia. Entre los testimonios personales hay de todo: desde quien asegura que un conocido sufrió una parálisis facial tras la banderilla hasta quien atribuye la desaparición de una bronquitis crónica en su progenitora a haber dejado de pincharla. No son evidencia científica, pero son el material con el que muchas familias deciden.
La decisión se toma en casa, no en el laboratorio
La recomendación oficial seguirá siendo banderilla a los mayores, y no cabe duda de que la gripe es para ellos una amenaza real. Pero la decisión final se cocina en cada familia, con un frasco de vitamina C en la mano y un parte de urgencias sobre la mesa. Los que llevan años vacunándose siguen llevando a sus mayores al centro de salud; los que no se fían, no lo harán. Entre medias queda una duda legítima: si la banderilla cambia de tecnología en mitad del camino, ¿con qué criterio se decide? Quizá convenga preguntárselo al médico de cabecera, que para eso sigue cobrando. Eso sí, que no le pida a usted que le espere fuera.