La cantera del baloncesto español llama a la puerta de Scariolo
Nunca hubo tanto talento joven en el baloncesto español; el problema es que la ACB no lo deja jugar. Con la selección ya clasificada para las ventanas de febrero de 2025, el seleccionador Sergio Scariolo tiene la excusa perfecta para probar a una generación que lleva años pidiendo sitio. Mar1 Saint-Supery, De Larrea y Villar acumulan minutos y confianza. La cuestión es si sus clubes les darán el mismo protagonismo que el equipo nacional.
El ‘Principito’ que despegó en Manresa
Si la prensa deportiva tuviera un ápice de imaginación, a Mar1 Saint-Supery ya le habrían bautizado como ‘El Principito’. No solo por el guiño a Saint-Exupéry, sino porque su juego tiene algo de literario: desparpajo, visión y una capacidad para driblar en espacios reducidos que recuerda a los mejores bases españoles. Formado en la cantera del Unicaja, ha explotado esta temporada en el Baxi Manresa, y su nombre aparece en todas las quinielas para las próximas ventanas.
No es el único. De Larrea es considerado el base más completo de su quinta, con una madurez impropia de su edad. Villar aporta esa defensa pegajosa que siempre necesita un equipo como España. Los tres, coinciden los análisis, tienen más talento que Juan Núñez, el jugador del Barça que se quedó a medio camino entre el mito y la realidad.
La ACB, máquina de moler talentos
Aquí está la contradicción que nadie resuelve: nunca hubo tantas perlas y nunca les costó tanto llegar a la élite. El caso de Langarita es el más sangrante. Tras destacar en Alemania, su regreso a la liga española se convirtió en una cesión al LEB Oro, el infierno de los proyectos truncados. La sombra del apellido Navarro —su jefe y su suegro— pesa más que sus minutos.
Tampoco ayuda la política de los grandes. Juan Núñez, comparado con Ricky Rubio, se ha quedado en una promesa perpetua: buena visión de juego, tiro vacilante y una defensa que no termina de cuajar. Aday Mara, en California, cobra 600.000 dólares en UCLA y decepciona a base de bien. Las condiciones están, pero la ambición mal medida y la falta de un plan claro le están pasando factura.
El dinero que tuerce las carreras
La diferencia entre jugar en Alemania y en un grande español puede ser de 600.000 euros al año. Ese diferencial explica que promesas como Langarita prefieran un banquillo millonario a minutos en una liga menor. Es la misma lógica que mantiene a Aday Mara en Estados Unidos, donde la NCAA paga en especie lo que los clubes europeos no pueden igualar. El resultado es una fuga de talento que la selección luego intenta revertir en las ventanas.
Una noche que reconcilia con el futuro
El Europeo Sub-18 dejó una de esas remontadas que hacen afición: España perdía de 8 puntos a falta de 35 segundos y acabó llevándose el partido ante Francia. Un final de locura con un triple casi desde 9 metros en el último instante. La generación del 2026 promete aún más, según las primeras impresiones, pero el escepticismo manda: demasiadas perlas que se quedaron en el camino.
La conclusión es incómoda: la selección tiene una camada enorme, pero los clubes españoles siguen prefiriendo el extranjero de turno. Si no abren la mano, estos jugadores emigrarán. Y entonces, como siempre, será la selección la que recupere lo que la ACB no supo retener.