Balay, Bosch y Siemens: misma fábrica y averías tempranas
Un congelador vertical Balay con cinco años de uso y un diagnóstico del propio servicio técnico de la marca: no tiene arreglo, va camino de la basura. Costó
700 y pico euros. La propietaria lo resume en la frase que se repite en cada conversación sobre gama blanca: la firma que se anuncia en televisión prometiendo que
este electrodoméstico lleva un poquito de mí no aparece cuando el aparato revienta fuera de garantía. A partir de ese caso, el asunto deriva en un inventario de averías, grupos empresariales y aparatos básicos que, contra todo pronóstico, siguen funcionando.
Cinco años y una reparación que no existe
El patrón que se repite es siempre el mismo: la avería llega justo después de la garantía y la pieza cuesta más que el electrodoméstico. Un lavavajillas Balay duró
2 años y 2 meses antes de que se rompiera una pieza interior, la del filtro, con un presupuesto de reparación descrito como más caro que el perro. En otro caso, una bomba con calefactor de un lavavajillas Siemens cedió a los
4 años y 2 meses, con una factura de
250 euros por una pieza que se coloca en minuto y medio y que, según se sostiene, aparece citada cientos de veces en internet como defecto de diseño y ya ha sido sustituida por el fabricante en versiones posteriores.
La queja no es unánime. Hay quien certifica lo contrario con la misma rotundidad: un lavavajillas Balay con 18 años sin más incidencia que una bandeja oxidada, o una Balay de 17 años que funciona perfecta. La discrepancia no se resuelve con testimonios aislados, y ahí está parte del problema: cada aparato es un mundo, incluso dentro de la misma marca y la misma cocina.
¿Es Balay la misma marca que Bosch y Siemens?
Sí, en buena medida. Los datos que circulan en el sector sitúan a Balay, Bosch, Siemens, Neff y Gaggenau bajo el mismo paraguas, BSH Electrodomésticos España, con sede social en Zaragoza y dos plantas históricas en la ciudad: la de La Cartuja, dedicada a lavadoras desde
1977, y la de Montañana. Hasta 2015 la sede social estaba en Huarte, Navarra. La conclusión que se extrae es incómoda para el comprador premium, y así lo resume un participante:
si compras un Bosch en España, compras un Balay guapeao, con cambios estéticos y manual de instrucciones intercambiable. La diferencia de precio se paga, en parte, por la sensación de estar comprando algo mejor.
¿Por qué duran menos los electrodomésticos actuales?
Porque el aparato de hoy no es el de hace veinte años, aunque lleve la misma chapa. Quienes comparan precios señalan que un electrodoméstico de gama media cuesta hoy, en términos relativos, bastante menos que hace dos décadas, y que ese ajuste se ha hecho a costa de materiales y componentes. La sospecha generalizada apunta a la obsolescencia programada, presente en todas las marcas, y a la electrónica que sustituyó al viejo racadaca mecánico.
Los casos citados dibujan un rango amplísimo. Un frigorífico Bosch de
1.500 euros averiado a los dos años convive con combis Bosch de 15 años y lavadoras de la misma marca con 13. Un frigorífico Siemens de gama alta, A+++, cayó a los 8 años. Desde dentro de la ingeniería se añade un matiz que rara vez llega al folleto: los diseñadores trabajan con instrucciones de jefes que a menudo no son ingenieros, y las decisiones de abaratar componentes se toman muy por encima de quien luego firma el plano.
Quién fabrica realmente cada marca hoy
El mapa de propiedad se ha movido mucho en poco tiempo y explica por qué la marca del abuelo ya no dice nada. AEG pertenece a la sueca Electrolux. Graetz, Luxos, Electra y New Pol están en manos del grupo turco Vestel. Blomberg y Grundig cuelgan del también turco ARÇELİK, el mismo dueño de Beko. La italiana Candy Group fue vendida. Y entre las europeas que mantienen independencia se citan tres: Miele, Franke y SMEG, con Liebherr como referencia para el frío y Whirlpool al frente de la antigua Bauknecht.
Eso no convierte automáticamente lo independiente en eterno, ni lo integrado en basura. En una peluquería, unas Beko de gama doméstica acumulan seis años de uso diario, mañana y tarde, sin incidencias. Un lavavajillas Fagor con siete años de garantía murió a los siete y medio, pero costó la mitad que el Bosch al que sustituyó.
La vía del racadaca y la marca blanca
Aquí está la paradoja que descoloca. Un aparato de marca blanca básica, sin electrónica, sin pantallas y feo de solemnidad, acumula
12 años de lavadora con inquilinos y 10 años de frigorífico, en varias viviendas alquiladas, por 189 euros la lavadora. Su virtud no es la calidad: es la sencillez, porque no hay nada que romper. Frente a un arreglo de 250 euros en una bomba de gama alta, la comparación se defiende sola.
De ahí salen también los remedios caseros que circulan: un agujero en el depósito de condensado de una secadora —confirmado por el técnico oficial como idéntico en el modelo equivalente de otra marca— para que el agua caiga directamente al desagüe y la bomba estropeada deje de ser un problema. El apaño funciona. La pieza que costaba 90 euros cada seis meses, no.
Con esos números, lo racional sería que el aparato de 1.500 euros durara tres veces más que el de 189. No ocurre. Y ahí sigue la promesa por escrito de los veinte años de un fabricante, que nadie cree del todo, ni quien la compra.