Una publicación viral sostiene que los ucranianos compraron 2.000 millones de euros en inmuebles en España en 2026, según el Consejo General del Notariado, y lo compara con los 2.700 millones que España dio a Ucrania entre 2022 y 2025. La comparación mezcla dos cosas distintas: una estadística de compraventas registradas y un paquete de ayuda pública.
La cifra que circula es llamativa: 2.000 millones de euros en compra de inmuebles en España por parte de compradores ucranianos durante 2026, atribuida al Consejo General del Notariado. El dato se ha difundido junto a otro: España habría destinado 2.700 millones a Ucrania entre 2022 y 2025. La yuxtaposición invita a leer una cosa como consecuencia de la otra, y ahí empieza el problema.
Qué mide cada cifra
Los 2.000 millones son compraventas de vivienda formalizadas ante notario. No son transferencias de dinero público ni un saldo neto: incluyen residentes, inversores y personas que llevan años asentadas en España. El Consejo General del Notariado publica estadísticas de compraventa por nacionalidad del comprador, y Ucrania aparece en ellas desde antes de 2022.
Los 2.700 millones son ayuda oficial al desarrollo y asistencia financiera comprometida por el Gobierno de España. Son dos flujos sin relación contable entre sí. Uno lo pagan particulares en una notaría; el otro sale de los presupuestos del Estado.
El error de la resta
La publicación sugiere que 2.000 millones de esos 2.700 «fueron directos a villas españolas». Eso no se sostiene. La ayuda pública no se entrega a ciudadanos para que compren casas: va a organismos internacionales, fondos de reconstrucción, material sanitario o apoyo presupuestario. Que un colectivo compre vivienda en España no implica que lo haga con dinero recibido del Estado español.
La coincidencia de magnitudes es eso, una coincidencia. Comparar un volumen de transacciones privadas con un paquete de ayuda exterior es como comparar la recaudación de un mercadillo con el presupuesto de Defensa.
Por qué importa el marco
El dato de compraventas es real y verificable. Lo que no lo es es la lectura causal. En el contexto de la guerra en Ucrania, cualquier cifra que mezcle ayuda pública con patrimonio privado de ucranianos se presta a un uso político que la estadística no respalda.
Si alguien quiere discutir si España gasta demasiado en Ucrania, tiene argumentos. Si quiere discutir si los ucranianos compran mucha vivienda en España, también. Mezclar ambos para insinuar un desvío de fondos no es un argumento: es una resta mal hecha.