El día que a la Guardia Civil se le fue la luz (y los datos)
Más de diez horas sin acceso a antecedentes penales, bases de tráfico, correo corporativo ni comunicaciones internas. No es un ciberataque al uso: la caída de sistemas que sufrió la Guardia Civil este jueves afectó a todas las comandancias del país, incluyendo las unidades centrales, y lo hizo de una forma que, según coinciden los analistas, resulta técnicamente llamativa: los grupos electrógenos de respaldo no entraron en funcionamiento. La versión oficial habla de una avería generalizada. La coincidencia temporal con la imfrutación de la directora general del cuerpo y otros dos altos cargos ha disparado todas las alarmas.
Una avería que no cuadra con los protocolos
Los centros de procesamiento de datos (CPD) de cualquier cuerpo de seguridad disponen de sistemas de alimentación ininterrumpida (SAI) y generadores diésel con autonomía suficiente para mantener las operaciones durante horas. En este caso, según las informaciones que circulan, el fallo no se produjo en la red eléctrica exterior, sino en el sistema SCADA de control interno del edificio, que impidió que los generadores arrancaran. Es decir, alguien –o algo– inhabilitó el mecanismo que debía garantizar la continuidad del servicio. Los paralelismos con ataques como el StuxNet iraní, que logró desactivar centrifugadoras nucleares manipulando sus sistemas de control, no han tardado en aparecer.
La imfrutación que lo cambió todo
La secuencia es la siguiente: ese mismo jueves, un juez había citado como investigados a la directora general de la Guardia Civil (nombrada en septiembre de 2024) y a otras dos personas. Según fuentes citadas en medios digitales, la caída de sistemas se produjo sobre las doce del mediodía, apenas instantes después de que se hiciera pública la imfrutación. En un contexto donde el Fiscal General del Estado ya había cambiado de móvil y borrado su contenido el mismo día de su propia imfrutación, la sospecha de que se esté repitiendo el patrón –esta vez a escala institucional– resulta inevitable.
Lecciones de un sistema sin resiliencia
Más allá de la hipótesis del borrado de pruebas –que sería la versión moderna de la quema de documentos–, el episodio deja al descubierto una vulnerabilidad estructural: la centralización total de los sistemas críticos de la Guardia Civil. No hay redundancia geográfica ni descentralización; un único punto de fallo puede dejar sin servicio telefónico a todo el cuerpo. En un país donde las cloacas del Estado han sido noticia recurrente, el precio de la honradez parece incluir, cada vez más, la posibilidad de que los datos desaparezcan de golpe. La pregunta que queda en el aire es quién –y con qué objetivo– apretó ese botón.