Aznar: el arquitecto de la España actual (y sus ruinas)
En ocho años, José María Aznar privatizó las principales empresas públicas, abrió las fronteras a una inmigración masiva y sembró la semilla de la burbuja inmobiliaria que estallaría en 2008. El resultado, según un análisis detallado de su legado, no fue milagro económico sino una hiperinflación encubierta y una pérdida de soberanía de la que aún no nos hemos recuperado.
Las privatizaciones que dejaron a España sin industria
Aznar culminó la venta de las joyas de la corona: Telefónica, Endesa, Argentaria, Repsol, y Tabacalera, entre otras. El argumento oficial era reducir el déficit y modernizar la economía. Pero el resultado fue la transferencia de activos estratégicos a grandes fondos internacionales y a una élite de empresarios amigos, mientras el Estado perdía ingresos recurrentes y capacidad de intervención. Una décima parte de lo obtenido se destinó a sanear las cuentas; el resto engordó las arcas de inversores y directivos.
El inicio de la inmigración masiva
Fue durante su mandato cuando España pasó de tener un saldo migratorio casi nulo a recibir cientos de miles de personas cada año. Las regularizaciones masivas de 2000 y 2001, junto con la demanda de mano de obra barata para la construcción, dispararon la población extranjera del 2% al 10% en menos de una década. El discurso oficial lo vendió como integración y crecimiento, pero muchos señalan que fue una decisión deliberada para abaratar costes laborales y alimentar la burbuja.
La burbuja inmobiliaria y el euro
Aznar apostó por un modelo económico basado en el ladrillo y el crédito fácil. La entrada en el euro en 1999 trajo tipos de interés bajos que dispararon el endeudamiento. El precio de la vivienda se multiplicó por tres en diez años, y los salarios apenas crecieron. Cuando la burbuja estalló en 2008, España acumulaba una deuda privada descomunal y un paro del 20%. Aquella hiperinflación encubierta en activos inmobiliarios no la pagaron sus impulsores, sino toda una generación.
La herencia política: crispación y vasallaje
Aznar normalizó el pacto con el nacionalismo vasco, llamó a ETA "Movimiento Vasco de Liberación Nacional", y cedió competencias a los separatistas a cambio de estabilidad. Su acercamiento incondicional a Bush le costó a España el atentado del 11-M y una guerra impopular. Más tarde, desde la fundación FAES, ha seguido marcando la agenda de una derecha que ha renunciado a cualquier perfil propio.
El relato del "mejor presidente" se desmorona al contrastarlo con los datos. La pregunta que queda en el aire: ¿por qué el establishment mediático aún lo defiende?
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