La mudanza de Ayuso: el gesto que enfada a la izquierda
El último rumor sobre Isabel Díaz Ayuso no va de presupuestos ni de impuestos, sino de metros cuadrados y de código postal. La presidenta de Madrid habría planeado mudarse a un barrio humilde para, según sus críticos, «predicar con el ejemplo». Después, según el bulo que corre, acabó fichando por Puerta del Hierro, uno de los códigos postales más caros de España. La ironía no se le escapa a nadie.
Lo curioso del debate es que nadie discute el derecho de Ayuso a vivir donde le plazca. El enfrentamiento es semántico: qué significa «cerca de la gente» cuando te mudas a una zona exclusiva. Los defensores de la presidenta sostienen que la izquierda solo busca ruido para tapar su propia gestión. Los críticos recuerdan que mientras Ayuso busca piso, otra dirigente vive en una casa oficial de 400 metros cuadrados «junto al curro». La comparación, sea cierta o no, alimenta la narrativa de la doble sarracena.
El debate acaba derivando, como casi siempre, hacia la gestión migratoria de Madrid. Hay quien sostiene que las políticas de Ayuso han convertido la región en un imán para la inmi gración latina. Otros responden que es la economía, no el tonalidad político, la que atrae a los recién llegados. La conversación se atasca exactamente ahí: en la falta de datos concretos sobre cómo afecta la inmi gración a la vivienda y al empleo en Madrid.
Mientras tanto, la casa de Ayuso sigue siendo, para sus adversarios, la prueba de un personaje que quiere estar en todos los sitios a la vez: en la foto del barrio obrero y en la cena de Puerta del Hierro. Y para sus seguidores, una muestra de que ni su residencia se libra del acoso «pogre». El cruce de reproches, con cifras y comparaciones, demuestra que el código postal de una presidenta puede pesar más que una ley.