La Odisea de Nolan: el estreno que ha dividido a la crítica y a la taquilla
Año 2026. Christopher Nolan estrena su particular lectura de ‘La Odisea’, y el cine español se convierte en campo de batalla. La película llega con el rótulo de “mejor película jamás hecha” colgado por sus defensores, pero también con una polémica de casting que amenaza con vaciar las salas. En plena temporada de estrenos, el choque entre entusiasmo y rechazo no es solo cultural: es también una cuestión de taquilla.
Los primeros análisis dividen el espectro en dos bloques irreconciliables. Por un lado, los que salen de la sala perplejos, alabando la banda sonora, el montaje no lineal y la tensión permanente. Por otro, los que la despachan como un ejercicio pedante y autocomplaciente, “un quiero y no puedo” con ínfulas de trascendencia. En medio, pocos espectadores capaces de un veredicto tibio.
El IMAX como espejismo en España
La cinta está rodada íntegramente en formato IMAX, y en pantalla normal se pierde una franja superior del encuadre. La recomendación de los fans es contundente: verla en IMAX o no verla. El problema es que en España solo existen cinco salas IMAX, y ninguna de ellas es capaz de proyectar el formato completo que Nolan utilizó. Así que la experiencia definitiva, ese espectáculo que justifica la entrada, no está disponible para el espectador español. Algunos lo ironizan: ver un barco salir del puerto con una música que suena a acorazado Potemkin no requiere de la mayor resolución del mercado.
El casting como riesgo económico
El reparto de Lupita Nyong’o como Helena de Troya y la presencia de un actor trans en un papel de guerrero han encendido las redes. Un sector del público anuncia que no pagará una entrada, y no son pocos los que aseguran que esperarán al estreno en plataformas. El boicot declarado tiene un efecto inmediato en el fin de semana de apertura, y en un producto con presupuesto alto, cada espectador que se queda en casa cuenta. Los defensores responden que la mitología es ficción y que la diversidad suma; los críticos culturales recuerdan que el “ruido” no siempre se traduce en pérdidas, porque la controversia también genera curiosidad.
Una superproducción con atrezo de saldo
Otra de las quejas recurrentes se centra en la producción. Los detractores se burlan de la flota troyana reducida a una galera y dos barquitas de apoyo, de las corazas que parecen de PVC y de unas escenas de lucha donde los espadazos no terminan de cuajar. Esa carencia de medios contrasta con un presupuesto que se presume estratosférico. Los seguidores de Nolan argumentan que la película es una alegoría, no un documental, y que la acción es secundaria frente al drama psicológico del protagonista. Pero la comparación con clásicos como ‘Jasón y los Argonautas’ o ‘Ulises’ de Kirk Douglas deja a la cinta en evidencia: hay maneras de rodar épica con menos humo y más oficio.
Sin consenso posible
A fecha de este estreno, no hay término medio. Los análisis más sosegados admiten que la película no es ni la obra maestra que proclaman sus fans ni la basura que denuncian sus críticos: es un Nolan en estado puro, con sus obsesiones y sus límites. Y quizá ahí resida su verdadero problema: lleva años repitiéndose a sí mismo, y esta vez el público ya no sabe si está ante un genio o ante un mago con un truco gastado. Lo que nadie discute es que la película ha conseguido algo que el marketing no compra: que todo el mundo hable de ella. El resto, incluida la taquilla, se sabrá en las próximas semanas.