La abogada que dejó a 300 hombres viviendo en el coche: ¿realidad o mito?
«He dejado a más de trescientos tíos viviendo en el coche». La frase la soltó una abogada matrimonialista de 38 años, entre lágrimas, en su despacho. Su cliente acababa de recoger unos papeles y ella rompió a llorar. La escena, narrada en primera persona, ha reabierto el debate sobre las consecuencias económicas del divorcio en España. Pero, ¿son creíbles esas cifras?
¿Es posible gestionar 300 divorcios con 38 años?
Un análisis rápido lo pone en duda. Para llegar a esa cifra, la letrada tendría que haber empezado a litigar a los 23-24 años y llevar 20 divorcios al año durante 15 años. Además, el dato de que 300 hayan acabado «en el coche» implica que todos ellos tenían hijos y que el litigio fue agresivo. En la práctica, la mayoría de los divorcios son de mutuo acuerdo, y solo una fracción tiene hijos y termina con el padre sin vivienda. «Sería raro», resume un experto en derecho de familia. «En los casos con hijos, solo un 10% acaba con el padre durmiendo en el coche».
El negocio del divorcio y las pensiones
Más allá de la anécdota, la discusión pone sobre la mesa algo real: el peso de las pensiones alimenticias y compensatorias. En un divorcio típico con hijos, el padre se queda con el régimen de visitas; la madre, con los niños, el piso y la mitad del dinero (para los niños). La pensión compensatoria, para ella, solo si no trabaja. El sistema carga sobre el progenitor que más gana –a menudo el hombre– un lastre financiero que puede durar años. Para algunos, es un incentivo perverso; para otros, una protección necesaria.
La abogada lloraba. Su cliente, el inversor indexado, le soltó sin anestesia: «Es el mercado». La frase resume una tensión incómoda: el derecho de familia se ha convertido en un sector donde unos ganan y otros pierden. El dato de los 300 no cuela, pero el malestar que lo inspira es muy real.