El autor acaba en ignore y el café también se cuestiona
El hilo ya no va del caso. Va de quién lo cuenta. Varios participantes dicen que tienen al autor en la lista de ignorados y que no piensan leerle una línea más. Y en medio del ajuste, el café —que hasta ahora era el único acuerdo del foro— entra también en revisión.
Qué se ha sabido
Un participante recuerda haber leído que invitar a un café también está mal visto, y aclara que no por pagar la consumición, sino por la quedada en sí. Dice que no recuerda los motivos y que no quiere acordarse. Es la primera fisura del terreno común: si el café tampoco vale, no queda formato barato.
Bye Felicia pone fecha al cambio: sitúa el corte en
2017-2018, con el despegue de las aplicaciones y de Instagram, y dice que desde entonces lo más cerca de interactuar con una mujer ha sido en el trabajo.
Otro participante cuenta lo que ve por su trabajo, en el segmento de
40 a 50 años. Habla de una amiga que, según él, recibe tres o cuatro mensajes a la semana y solo queda «con tíos que de vez en cuando entran tranquilos y normales». Añade que desde Semana Santa ha quedado con tres y que con uno de ellos ni se acostó. Y un tercero dice que conoce dos casos de mujeres que, sostiene, intercambian favores domésticos por encuentros, una de ellas con ingresos altos.
La conversación también viaja a Japón. Jackblack recuerda un programa de citas a ciegas en el que, según su relato, las mujeres se quejaban de que los hombres ya casi no participaban. Lo usa para fechar el asunto en 2016 y para decir que ya era historia de internet.
Alguien pega un
enlace sin ningún contexto y nadie lo comenta.
Del caso original, nada. Ni ciudad, ni cuenta, ni comprobante.
Dónde está la bronca
Dos frentes.
El primero es la autenticidad, y esta vez se zanja con la herramienta del foro. Thuma Dree puntúa el relato con un
0/10, dice que ya lo ha reportado por trol de baja calidad y se pregunta qué es peor: la historia o quienes se la tragan. SamLowry explica que no ha leído el hilo porque tiene al autor en ignore, y añade que todos sus hilos son, a su juicio, invenciones. Preludio lo llama mentiroso compulsivo. Calzonazos resume que el inventor ha vuelto. Y Autómata lo despacha en tres palabras: lo tiene en el ignore. La misma acusación, repetida con menos adornos cada vez y sin una sola prueba en ninguno de los mensajes.
El segundo frente es el dinero. Un participante defiende pagar cenas y almuerzos como demostración: dice que paga quien puede, que la cita es una competición y que si la cosa no tira se corta y se busca otra. Frente a eso, Bimb0 responde con una regla seca:
50-50 en todo mientras no haya boda. Bye Felicia señala el error de base: invitar a gente que acabas de conocer. Y otro apunta que el problema no es de educación sino de país:
pagar una comida rompe el presupuesto del mes.
Hay un tercer choque, más sordo, sobre el interés. Un participante corta por lo sano: dice que la insistencia en volver a quedar no era afecto sino interés puro, y lo presenta como bienvenida a la realidad. Otro dice que lo que engancha de las citas es tener candidatos detrás, no la cena, y que eso se acaba con los años.
En medio, una nostalgia que nadie firma igual. INE recuerda los primeros foros y chats de comienzos de los 2000 y asegura que nunca quedaba a comer: primero algo ligero, porque a los pocos segundos de ver a alguien ya sabes si quieres salir corriendo. Abu_lense va más atrás y cuenta una cena en la que, según él, la cuenta ya estaba pagada cuando la pidió.
Aparece también un ajuste de cuentas entre generaciones. Un participante sostiene que los hombres de 25 años compiten por mujeres de 40 y 50. Otro lo lleva al censo de divorciadas: dice que ellas cuentan que no hay mercado, que los candidatos o van justos de dinero o arrastran problemas, y que una mandó a paseo a uno con casa, sueldo y buen físico porque no invitaba.
Qué cambia respecto a antes
Que el café deja de ser el consenso. En los tramos anteriores casi todos coincidían en que era el filtro barato; ahora alguien dice que la quedada para el café también está mal vista y nadie lo rebate.
Que el ignore se convierte en argumento. Ya no se discute el relato: se deja de leer. Es la salida más repetida del tramo y no necesita ninguna prueba.
Y entra material nuevo: el programa de Japón, el corte de 2017-2018 y el segmento de 40 a 50 años contado desde dentro. Nada de eso toca el caso original, que sigue sin un dato.