Mike Oldfield: del Tubular Bells de 1973 a la fiesta de Ibiza
El foro celebró a Mike Oldfield —al que un participante atribuye 75 años— entre felicitaciones y recuerdos de una noche en Ibiza. El músico está vivo, cosa que más de uno daba por perdida, y hay quien sostiene que «se conserva más o menos bien». La fiesta, el Mercedes y las compañías que llevaba en un concierto de 1999 han ocupado más espacio que cualquier análisis serio de su obra. Que un autor de esa trayectoria provoque ese doble registro, devoción musical y chismorreo de isla, dice bastante de cómo se ha contado su carrera.
Tubular Bells, el disco que levantó Virgin
Tubular Bells sigue siendo la llave de todo. El álbum de 1973 no solo le lanzó a él: cimentó la fortuna de Virgin hasta el punto de que la broma recurrente en el hilo es que, sin Mike, Richard Branson sería hoy un sintecho. En 2003 se publicó una revisión del disco con la excusa de que era «como le hubiera gustado a Oldfield que sonara el original», algo que en 1973 no se pudo hacer técnicamente. Con el tiempo llegaron revisiones parecidas de
Ommadawn y de
Hergest Ridge, y hay quien creció con Platinum en casa.
Ommadawn y una guitarra sin el crédito que merece
De su trilogía inicial,
Ommadawn (1975) es la que más defensores tiene: hay quien la considera, sin matices, la mejor de la «santísima trinidad». El argumento de fondo, según se sostiene en el hilo, es que Oldfield arrastra una
infravaloración crónica: como compositor, como multiinstrumentista y como letrista de canciones pop. La otra tesis que circula es que su estilo se emparenta con el vibrato de Paul Kossoff, el guitarrista de Free, algo que se aprecia en Five Miles Out y que sorprende a quien lleva décadas escuchándolo.
En ese mismo disco, Five Miles Out, hay dos datos que suelen pasar desapercibidos. El tema
Mount Teidi lo tocó Carl Palmer, batería que después militó en Asia, y la canción que da título al álbum narra un vuelo problemático en el que el propio Oldfield iba montado y pasó miedo. La intrahistoria de sus discos es casi tan densa como su discografía.
El Mercedes estrellado en Ibiza y la casa que cambió de manos
El episodio más citado de su biografía reciente es el accidente de
marzo de 1997: se estrelló contra un muro en Ibiza con su Mercedes, a velocidad excesiva y, según el relato que circula, posiblemente también con copas de más. No hubo más implicados, él salió prácticamente ileso y el coche acabó en el desguace. La multa por velocidad o alcoholemia, se argumenta, sería para él el equivalente a dejar una propina.
De aquella época también se recuerda la venta de su casa en la isla. La información que se maneja apunta a que el comprador estuvo relacionado con una banda británica de los noventa, aunque nadie lo confirma con nombres y apellidos y el asunto quedó en el terreno de la suposición. Un concierto pregrabado de 1999 y las compañías que iban en el Mercedes completan el relato festero, que convive mal con la imagen de compositor meticuloso.
Vinilos de 200 euros, divorcios y la colección que se pierde
La parte material de la historia también tiene cifras. Recomponer las reediciones en vinilo de sus primeros discos cuesta hoy entre
200 y 220 euros en el mercado de segunda mano, según los precios que maneja Discogs, y hay quien se hizo con cuatro ediciones entre 2012 y 2013 y las conserva como un pequeño patrimonio. El contrapunto lo pone quien perdió casi toda su colección en un divorcio y ha asumido una filosofía de vida particular: «necesito poco y lo poco que necesito lo necesito poco».
El Oldfield que apoya a Trump y al Brexit
El dato que rompe el relato hagiográfico está recogido en su entrada de Wikipedia: en 2017 expresó apoyo al entonces presidente estadounidense Donald Trump y aseguró que habría tocado en su investidura si le hubieran invitado, además de mostrarse favorable al Brexit. Es el Oldfield incómodo, el que no encaja con la parroquia que creció con sus discos instrumentales y que, en ese mismo año, publicó un álbum que una parte de sus seguidores califica directamente de obra maestra.
La música que se va sin recambio
Su nombre se cita siempre junto a los de Vangelis, Jean-Michel Jarre, Kraftwerk y Giorgio Moroder, y a la lista se suman Mark Shreeve, «el Jean-Michel Jarre inglés», o el japonés Himekami, autor del disco Zipangu. Escuchar hoy esa música arrastra cierta melancolía: se han ido Ennio Morricone, Basil Poledouris y el propio Vangelis, y hay quien no encuentra relevo generacional para esa forma de componer. En 2015, además, murió uno de sus hijos.
La biografía no cuadra con un único titular. El relato del Mercedes estrellado en Ibiza convive con la filosofía de quien, en el hilo, sostiene que necesita poco; y quien quiera reconstruir su discografía en vinilo se deja entre 200 y 220 euros en el intento. Ahí queda el contraste.