Australia también cierra la puerta: España, fuera del working holiday
Australia ha añadido España a la lista de países cuyo visado de trabajo temporal en vacaciones ("Working Holiday") queda en pausa. La decisión, adelantada por La Vanguardia, no es un caso aislado: Japón ya ha agotado su cupo para el próximo año y la relación de afectados supera la veintena de países, entre ellos Argentina, Brasil, Perú o Polonia. La medida reabre la pregunta de si el pasaporte español está perdiendo peso en los mostradores consulares o si simplemente hay más demanda que plazas.
La mecánica del visado 462: cupos que se agotan
El visado que se cierra a España es el 462, el de cuota limitada. Se agota, y no es un castigo. Frente a él, el grupo 417 no tiene cupo: Reino Unido, Irlanda, Alemania, Francia, Italia, Japón, Corea y Canadá pueden solicitarlo sin lista de espera. Por eso no aparecen en ninguna suspensión. España, en cambio, comparte el 462 con más de veinte países, y su cupo ha llegado al límite.
La ironía es evidente: mientras Australia abre la puerta a los ciudadanos de países con acuerdos privilegiados, España queda equiparada en ese grupo con naciones de desarrollo muy distinto. No es la primera vez que un destino tradicional para jóvenes españoles se encoge. El caso de Japón, citado también en la polémica, apunta a una tendencia: el pasaporte español ya no garantiza por sí solo la entrada en los programas de movilidad más demandados.
El pasaporte devaluado: una tesis con defensores y escépticos
Una corriente de opinión sostiene que el problema es estructural: la concesión masiva de nacionalidad, en particular a través de la ley de nietos con solicitantes principalmente de México, Argentina y Cuba, se estaría utilizando como un simple pasaporte de entrada a la Unión Europea. Bajo esta lectura, los países que admiten españoles sin visado reaccionan cerrando el grifo ante quienes usan el DNI como llave maestra. La suspensión australiana sería un síntoma de esa devaluación.
Frente a eso, otra lectura más técnica recuerda que Australia ya ha aplicado pausas similares a otros países sin ningún escándalo diplomático. Si el cupo se agota, se agota; no hay una señal de estigma. El propio programa está diseñado para rotar países y limitar el acceso de trabajadores temporales que luego quieren quedarse. Que España esté en la lista no significa que Canberra haya decidido castigar a nadie; significa que la demanda supera las plazas.
La paradoja de la salida
Mientras tanto, los datos económicos que acompañan a la polémica son tozudos: deuda pública en torno al 100% del PIB, un euríbor que sigue castigando a los hipotecados y una inflación que ha duplicado precios. En ese contexto, aumenta la parte de población joven con formación que busca una ruta de escape. El working holiday es, para muchos, un primer peldaño hacia una vida laboral fuera.
La cuestión es si ese escape se estrecha por el propio éxito de la emigración o por la gestión de la nacionalidad. Quienes defienden la primera opción señalan que las plazas son limitadas y que los españoles no tienen trato preferente. Quienes sostienen la segunda creen que el pasaporte se ha regalado y ahora se paga en las fronteras ajenas. Australia, con su lista en la mano, no resuelve el dilema; solo lo expone.
En paralelo, la noticia coincide con un episodio incómodo para el diario que la adelantó: el jurista y colaborador Juan José López-Burniol difundió por WhatsApp, según su propio relato, que La Vanguardia había puesto fin a su relación tras enviar un artículo titulado "La revancha". La anécdota subraya la tensión de fondo: hablar de la posición de España en el mundo se ha convertido en un campo de minas.