Audax Renovables: márgenes del 1,96% y 660M de deuda
¿Qué clase de inversor pone dinero en una compañía que factura 2.760 millones y apenas gana 48 antes de impuestos? Esa es la pregunta que sobrevuela cualquier aproximación a José Elías y a su buque insignia, Audax Renovables, una empresa con
690 millones de capitalización, un margen de operación del
1,96% y una deuda de 660 millones sobre unos activos netos de 190. El negocio, sostiene la tesis más crítica, es mayoritariamente de intermediación: compra energía a grandes productoras y la revende, con un colchón mínimo. Los números, en cualquier caso, no invitan a lanzar las campanas al vuelo.
Qué hace realmente Audax Renovables
La compañía se presenta como productora, pero según el análisis más repetido no genera ni el 5% de la energía que comercializa. Su potencia instalada pasó de
185 MW en 2019 a 267 MW en 2024, un incremento que equivale, en palabras de quien lo calcula, a poner cuatro o cinco molinos de viento al año. Con ese ritmo y una deuda que condiciona cualquier expansión, la cartera de clientes se sostiene más sobre la intermediación que sobre los activos propios.
El pasivo total asciende a
1.240 millones. La empresa arrastra además un historial de sanciones por prácticas comerciales cuestionadas, entre ellas hacerse pasar por otras compañías para captar clientes. Son multas, no condenas penales, pero dibujan un modelo de venta agresivo que encaja mal con el relato de compañía tecnológica y verde.
El vencimiento de deuda que condiciona todo
El punto crítico llega en
2027. La emisión de bonos corporativos colocada para financiarse vence ese año y, con los márgenes actuales, el pago se antoja complicado sin refinanciación o ampliación. Quien compró esos bonos asumió un riesgo que el mercado no siempre ha sabido leer: una empresa que factura miles de millones pero convierte muy poco de ese volumen en beneficio.
Hay quien sostiene que Elías vendió acciones de Audax cuando cotizaban más caras para financiar la compra de La Sirena, una cadena de supermercados saneada pero sin gran recorrido. La operación, vista con distancia, fue más una salida que una apuesta.
El resto del holding: Ezentis, Atrys y OHLA
Más allá de Audax, el entramado empresarial incluye participaciones en Ezentis y Atrys Health, ambas pequeñas y endeudadas, y una posición relevante en OHLA, la antigua Obrascon. En esta última, el inversor no ejerce la administración pese a ser accionista mayoritario, lo que algunos leen como prudencia y otros como reconocimiento de que una constructora de 20.000 empleados le queda grande.
La transparencia, coinciden las voces más críticas, brilla por su ausencia en varias de estas sociedades. Solo La Sirena, sacada de bolsa, se salva del juicio general.
¿Por qué tiene tanta fama si los números no acompañan?
Aquí entra el factor mediático. Elías construyó una marca personal a base de vídeos, podcasts y apariciones en redes, con un discurso de emprendimiento que cala entre jóvenes aspirantes a empresario. Su presencia en listas de patrimonio elevado, un avión privado y varios vehículos de alta gama alimentan la imagen de éxito. La pregunta incómoda es si esa imagen resistiría un análisis frío de balances.
La respuesta más repetida es que no. Que el margen de Audax es ridículo para su sector, que la deuda lastra cualquier crecimiento y que el personaje vive más de la exposición que de los resultados. La fama, en este caso, cotiza aparte.
Con estos números sobre la mesa, invertir en Audax exige creer en una refinanciación que aún no está firmada y en un giro de modelo que nadie ha explicado. Puede salir bien. También puede salir como tantas otras.