Adoptar un gato: la burocracia de las mosquiteras empuja a la compra
Un ciudadano que quería darle un compañero a su gata se topó con un muro burocrático: la protectora le exigía instalar mosquiteras en todas las ventanas y enviar fotos como prueba. El aspirante, que ya tiene una gata sin mosquiteras y en perfecto estado, respondió que no iba a hacerlo. La historia, lejos de ser anecdótica, refleja un fenómeno creciente: las asociaciones de protección animal han endurecido tanto los requisitos que muchos optan por comprar mascotas en tiendas o criaderos.
El laberinto administrativo de las adopciones
El caso es paradigmático: tras superar un interrogatorio vía email y formularios, la condición para adoptar era instalar mosquiteras en cada ventana de la casa y acreditarlo con fotos. El interesado lo consideró excesivo —«como si fuera un niño y tuviera que dar el visto bueno el asistente social»— y declinó. No es un caso aislado. Otros adoptantes relatan experiencias similares: videollamadas para enseñar la vivienda, entrevistas personales, seguimiento posterior, e incluso tarifas veterinarias que consideran infladas. «Acabamos mandándoles a tomar por culo y comprando un Teckel», resume uno de los afectados.
La consecuencia es directa: el mensaje «no compres, adopta» choca con una realidad donde la adopción se vuelve una carrera de obstáculos. Varios testimonios coinciden en que, ante la exigencia de mosquiteras, prefieren comprar un animal a través de particulares o criadores, sin controles. El resultado paradójico es que las propias protectoras, al endurecer las condiciones, pueden estar alimentando el mercado de compraventa que dicen combatir.
Negocio o protección: los intereses detrás de las exigencias
Una corriente de análisis sostiene que muchas protectoras se han convertido en «chiringuitos» que perciben subvenciones públicas por cada animal en sus instalaciones, lo que les desincentiva a darlos en adopción. Según esta visión, las trabas (mosquiteras, visitas, seguimiento) serían una manera de retener animales y justificar la financiación. «Viven de eso», afirma un participante, que apunta a que el ayuntamiento paga por gato en cartera, como los orfanatos antiguos.
Otros defienden que las medidas responden a la experiencia: muchos gatos se escapan o mueren al caer por ventanas sin protección, y los voluntarios están hartos de oír excusas. «Montones de gatos se escapan y son atropellados no por accidente sino por pura dejadez», argumenta quien conoce el día a día de las protectoras. La mosquitera se presenta como una precaución razonable, al nivel de poner vallas en balcones para niños.
El dilema del adoptante responsable[/ZIZE]
Entre ambos extremos, el adoptante se encuentra en una encrucijada. Por un lado, quiere cumplir con la conciencia de dar hogar a un animal abandonado; por otro, se siente tratado como un presunto negligente hasta que demuestre lo contrario. La exigencia de mosquiteras, que cuestan unos pocos euros y pueden instalarse sin gran molestia, no parece desmedida para algunos. Sin embargo, el tono del proceso —interrogatorios, fotos, videollamadas— genera rechazo. «Te hacen sentir como si estuvieras solicitando un visado», comenta otro afectado.
El desenlace del caso que nos ocupa fue positivo: el interesado contactó con otro refugio que no puso pegas, y al día siguiente iba a conocer al gatito. La moraleja es que, aunque algunas protectoras se han convertido en barreras, otras mantienen un enfoque humano. La decisión final de comprar o adoptar depende de la paciencia y la suerte de encontrar la asociación adecuada. Mientras tanto, el sector de la compraventa de mascotas —con precios que pueden alcanzar los 1.000 euros por un perro— sigue beneficiándose de este desencuentro.
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