La tensión en Ceuta se dispara en dos días
Solo dos días han bastado para que Ceuta se convierta en el centro de una tormenta política. Las informaciones difundidas durante este fin de semana hablan de una expulsión fulminante de un colectivo de la ciudad autónoma, un hecho que ha disparado las acusaciones cruzadas.
Una parte de la opinión pública lo celebra como una defensa de la soberanía nacional. La otra, con términos duros, lo califica de 'ataque terrorista fascista'. El lenguaje, desde luego, no es nuevo: en las conversaciones políticas de los últimos meses, la palabra 'fascismo' se ha convertido en un comodín retórico que se usa por ambas partes.
Lo llamativo del episodio es precisamente lo que no se discute. En un espacio pensado para el análisis económico, ni una sola de las intervenciones aporta datos sobre el impacto en el comercio, el empleo o las relaciones con Marruecos. La polarización ha devorado la sustancia.
Cierra el episodio una curiosidad: circula entre las respuestas una parodia de supuestas instrucciones para un 'community manager' al que se le exige etiquetar a la oposición con todo tipo de adjetivos gruesos. La sátira, sea o no intencionada, dibuja un diagnóstico incómodo: el debate público español ha perdido cualquier anclaje en los números y se mueve, cada vez más, en el terreno del puro ruido.