El hilo afirma que Ucrania moviliza como hombres a las personas trans para el frente
¿Qué ocurre cuando un Estado necesita soldados y su propia doctrina sobre el género se cruza en el camino? En el hilo se afirma que la clasificación administrativa ucraniana sitúa a las personas trans dentro del grupo de los hombres y, con esa etiqueta, dentro del contingente llamado a defender el país frente a la invasión rusa. El resultado, según los participantes, es un choque entre dos relatos que hasta ahora convivían sin rozarse: el de la igualdad de género y el de la leva en tiempo de guerra. La conclusión que sacan muchos, entre el sarcasmo, es que cuando el asunto se pone serio las categorías se simplifican a toda velocidad.
¿Qué implica que, según el hilo, Ucrania catalogue a las personas trans como hombres?
La primera consecuencia, según se sostiene en el debate, es práctica: quien queda registrado como hombre entra en el grupo movilizable y puede acabar en el frente. En los mensajes no se detalla el criterio legal exacto, pero se afirma que se las incluye en el grupo de hombres. Un participante sostiene que debería imponerse a cualquier ucraniano, da igual su sexo, credo, religión o raza, siempre que tenga edad militar y condición física suficiente. La paradoja, según esa lectura, se resume así: a quien el discurso oficial trataba como minoría a proteger, ahora se lo trata como efectivo que enviar.
El relato igualitario se rompe en el frente
Aquí el análisis se vuelve ácido. Una parte sostiene que la guerra desmonta de golpe el aparato de ministerios, consignas y políticas de género construido durante años, y que esas banderas aguantan mientras no haya que sacrificar nada.
Cuando la guerra entra por la puerta, la propaganda de género salta por la ventana, resume una de las posturas del hilo. Otra corriente va más lejos y ve en la movilización obligatoria la prueba de que las políticas de identidad son un lujo de la paz, prescindible en cuanto aparece la necesidad de efectivos.
Un forero remonta las levas obligatorias al siglo XIV
¿Es la movilización forzosa una anomalía contemporánea o la norma histórica? Un participante recuerda que la
Guerra de los Cien Años ofrece un ejemplo. Eduardo III de Inglaterra tenía entre sus potestades la movilización de toda la población del reino, y su rival Felipe VI de Valois disponía de la misma facultad en un territorio tan heterogéneo como el suyo, según este mensaje. Ambos habrían echado mano de ella cuando la caja y los ejércitos no daban para más. La leva obligatoria, sostiene, es tan vieja como el propio Estado.
¿Quién se queda y quién se va?
El agravio más repetido no apunta a las personas trans, sino a la asimetría. En el hilo se señala que las mujeres han podido salir del país mientras los hombres en edad militar se quedan, y se pregunta por qué la igualdad no se aplica también a la hora de empuñar el fusil. Circula además la sospecha, sin verificación alguna, de que las familias de la cúpula política y militar no están en el frente. Se menciona la cifra de unos 44 millones de ucranianos, sin que el dato se acredite, y el reparto de la carga se convierte en el verdadero punto de fricción: no quién puede luchar, sino quién consigue no hacerlo.
En el terreno simbólico, se menciona una manifestación en Madrid en apoyo a Ucrania en la que ondeaba la bandera arcoíris junto a la enseña ucraniana, mientras, según el hilo, el país al que se apoya clasifica a ese mismo colectivo como reemplazo de primera línea. La contradicción, dicen, no la resuelve ningún comunicado.
Obligar a todos o no obligar a nadie
Dos corrientes claras. Una defiende la movilización total: en época de guerra cuentan todos los efectivos, y cada cual, con independencia de su sexo, credo o condición, si tiene edad militar y condición física suficiente, debe coger un arma. Otra rechaza cualquier coerción: que cada uno haga lo que quiera sin que nadie le obligue a luchar por una causa en la que no cree, y que el Estado no convierta la defensa en imposición. En medio, una postura intermedia: ayudar a quien resiste, sí, pero sin forzar a nadie a morir por las oligarquías que dirigen el país.