Aulas en el Sáhara Español (1956): canciones, mapas y un relato que no cuadra
El 23 de octubre de 1956, en plena posguerra y dominio franquista sobre el Sáhara Occidental, una escuela en El Aaiún albergaba a decenas de niños saharauis. Las fotos de la época muestran pupitres, pizarra y un mapa de España con posesiones africanas. Pero lo que se enseñaba allí distaba mucho de ser neutro.
La educación colonial combinaba nociones básicas de lectura y aritmética con himnos patrióticos y geografía peninsular. Los alumnos recitaban de memoria ríos y provincias de la metrópoli, mientras que la realidad del desierto, los nómadas y la cultura local quedaba fuera del temario. Un sistema que pretendía «españolizar» a la población indígena, con maestros llegados de la península y manuales aprobados por el régimen.
El debate actual sobre aquellos años oscila entre la nostalgia –«Esas niñitas ya sabían más que los adolescentes de hoy»– y la crítica: «Qué patetismo enseñar cosas a base de cancioncitas que repiten como loros sin entender lo que dicen». Ambas posturas coinciden en que la metodología era repetitiva y desconectada del entorno.
La paradoja de aquella educación es que, a pesar de su rigidez, logró cierta alfabetización. En 1956 apenas el 10% de la población saharaui sabía leer y escribir; para 1970, el dato había subido al 25%. Pero el precio fue la asimilación forzada. Tras la Marcha Verde y el abandono español en 1975, el sistema se desmoronó. Hoy, en los campamentos de refugiados, las aulas son tiendas de campaña y el idioma árabe ha desplazado al castellano.
El modelo educativo del franquismo en el Sáhara: entre el dogma y la necesidad
Los programas escolares de la época tenían tres ejes: religión católica, formación patriótica y rudimentos de cultura general. Las «cancioncitas» a las que aluden algunos críticos eran himnos como «Cara al Sol» o canciones regionales, que los niños debían entonar diariamente. No había educación sexual, ni debate sobre roles de género; la mujer saharaui, pupila en casa o en escuelas segregadas, recibía formación en costura y labores domésticas.
«La sociedad era racista, machista y en blanco y negro», resume un análisis reciente. La alfabetización femenina apenas superaba el 5% en 1956. Sin embargo, algunos argumentan que esa «educación de valores» generaba cohesión y respeto, algo que echan en falta en las aulas actuales: «Ahora los niños están en manos de socialistas y feministas radicales que los corrompen».
El legado económico y territorial: ¿regalo o abandono?
La escuela era también un instrumento de poder colonial. Mientras los niños aprendían a localizar León o Badajoz en el mapa, el territorio saharaui –rico en fosfatos y pesca– era administrado como provincia número 53. En 1975, España lo abandonó tras los Acuerdos de Madrid, que algunos califican como «regalo a la judiada y al sultán a cambio de maletines». La realidad es que el Sáhara Occidental sigue sin resolverse, con un conflicto enquistado entre Marruecos y el Frente Polisario.
¿Qué queda de aquellas aulas? Fotos en blanco y negro, testimonios orales y una pregunta incómoda: ¿era mejor una escuela que adoctrinaba pero enseñaba, que ninguna escuela? El debate sigue abierto.