NOTICIA: Asaltos y disturbios en Marsella: ¿qué está pasando?

El problema es que te pille esa situación junto con tu familia: gente mayor, niños y bebés, un perro y estés desarmado frente a un grupo con martillos y machetes. Ahí está el verdadero miedo.

No hay que olvidar jamás lo ocurrido en Sudáfrica. Ese será nuestro destino si no actuamos ya como población y nos preparamos debidamente.

Hay gente que le gusta viajar, ir en bicicleta, esquiar, jugar al tenis, al golf...

A otros les gusta el tiro al plato, la caza, tiro olímpico...

Es una cuestión de preferencias a lo que dediques tu tiempo libre.

Pero yo particularmente no soy muy aficionado golf.
 
Entiendo que en el ayuntamiento habrá cámaras, hay cámaras ya por todos los sitios, siempre hay alguien que se quita la capucha o el pasamontañas.
Es difícil de identificar igualmente si no está previamente fichado, pero en el caso de dar con uno o dos, esos van a pagar por los demás que quedarán impunes.

(mensaje citado en revisión)
Un NWO que será básicamente para Europa...
 
Y no defendéis que, si no, el peso del Estado caerá sobre vosotros y os arruinará.
 
Ayer ya estuvieron intentando saquear urbanizaciones. Parece que ya ha empezado la guerra civil.
Pues aquí en Portugal está lleno de franceses turisteando y gastando a más no poder, igual que los alemanes. Y también hay un montón de turistas españoles, con un presupuesto más ajustado.
 

Villas asaltadas en Marsella: lo que se afirma y lo que aún no consta​

El umbral que separa el disturbio del colapso es la puerta de una casa. En Marsella, según los relatos que se están difundiendo por redes sociales, esa puerta se ha cruzado: los saqueos habrían dejado de perseguir escaparates para ir a por viviendas particulares, en concreto villas grandes del distrito 7, una de las zonas más acomodadas de la ciudad. La afirmación es tajante. El respaldo, de momento, es un rosario de publicaciones virales, no un parte policial.

Conviene separar dos cosas que los mensajes mezclan a propósito: lo que ocurre y el marco con el que se cuenta. El marco elegido en buena parte de las piezas es el de una supuesta guerra extremista coordinada. Ninguna de las que circulan en este material lo demuestra; varias ni siquiera identifican a los autores.
La descripción más concreta habla de grupos que entran en villas de gran tamaño en el distrito 7 y de residentes que intentan defender casas y coches por su cuenta. Es la misma secuencia que repiten cuentas de distinto pelaje, casi siempre sin geolocalización ni hora. Nada de eso la convierte en falsa por definición. Tampoco en verificada.

El detalle importa por una razón poco épica: cuando el objetivo deja de ser el mobiliario urbano y pasa a ser el patrimonio privado, el conflicto cambia de naturaleza administrativa. Entra en juego el seguro, entra en juego la convivencia del barrio, entra en juego quién puede permitirse mudarse. Ese desplazamiento explica la ansiedad que desprenden los mensajes mucho mejor que cualquier consigna.
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Fuera de Marsella, el repertorio que se difunde es el de siempre, con un grado más de violencia. Un cumpleaños en una sala de fiestas de Douai (departamento 59) descrito como escenario «digno de la película La Purga»: individuos armados, coches del aparcamiento destrozados y la mención a las fuerzas del orden en un relato que circula truncado. En París, la propietaria de un restaurante del distrito 10, La Barrique, aparece agredida y desfigurada tras incendiarse el local, según la versión difundida por una cuenta que pide «la máxima severidad» para los responsables. Son relatos atribuidos, sin confirmación oficial en este material, y así deben leerse.

Aquí sí hay un coste medible con la lógica del pequeño comercio: un negocio calcinado es un autónomo sin caja, empleados sin nómina y un local que tarda meses en reabrir. Los disturbios se cobran primero a quien tiene menos colchón.
En el capítulo de lo no acreditado hay tres piezas que conviene leer con pinzas. Una asegura que se ha amenazado con quemar Notre Dame si no se libera a un interno al que se atribuye la gloria de tres personas en una iglesia de Niza. Otra sostiene que estudiantes rodean el Louvre y que el arte acabará en cenizas. Una tercera atribuye a hombres concretos ataques con martillo en domicilios. Ninguna viene acompañada de fuente institucional y todas usan la misma estructura: imagen impactante, mayúsculas, conclusión total.

En el mismo paquete de mensajes aparece otro frente, el de Madrid: una advertencia policial, difundida por un medio local, sobre activistas de Samidoun —red que el mensaje vincula con el Frente Popular para la Liberación de Palestina— presentes en la acampada de Sol. Se cita, no se comprueba. Cuando el rumor viaja más rápido que el desmentido, la carga de la prueba acaba donde no debe: en el que lee.
No hace falta ir a Marsella para encontrar viviendas en riesgo. Un testimonio recuerda a los chalecos amarillos incendiando el banco situado bajo el edificio en el que vivía con su mujer y sus tres descendientes, y a quienes impedían el paso a los bomberos. «No le deseo a nadie lo que pasé con mi familia», resume. Es el recordatorio incómodo: la violencia de calle no distingue de siglas cuando prende en un bajo comercial.



Lo probable, con reservas, es que la factura —comercios, viviendas, primas de seguro— llegue a los balances mucho antes que cualquier depuración de responsabilidades. Lo que no está escrito es que la próxima ronda de imágenes sea auténtica. Ni que la anterior lo fuera.
 
No sé, Rick.

pinta, lo que se dice pinta de estudiantes como que no

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Alexandra
@Alexandr4Denman
¡A******** atacando ahora a personas en sus propios hogares con martillos! ¡Repito, hombres a********, no franceses, están atacando a mujeres y a hombres que intentan protegerse a sí mismos y a sus hogares y coches con martillos! ¡El multiculturalismo es y siempre ha sido un fracaso! ¡Expulsadlos a todos!…
18 Oct 2026 · Traducción automática del inglés al español: puede contener errores · Ver en X
Ver el tuit original (inglés)

*******

Visegrád 24
@visegrad24
ÚLTIMA HORA: Los saqueadores en Marsella han empezado a atacar casas privadas y villas en zonas acomodadas. Están entrando a la fuerza en grandes villas del séptimo distrito de Marsella.
19 Oct 2026 · Traducción automática del inglés al español: puede contener errores · Ver en X
Ver el tuit original (inglés)
*******
Moshe
@IsraelIDFend
Los "estudiantes" ahora están rodeando el museo del Louvre. Despídete de la Mona Lisa y de otras obras de arte valiosas. Todo será reducido a cenizas.
18 Oct 2026 · Traducción automática del inglés al español: puede contener errores · Ver en X
Ver el tuit original (inglés)
@burbubot analiza el post
 

El post es un combinado de tres cosas que no tienen nada que ver, y ahí está el problema: un tocho de "no consta", dos anécdotas de bar y una soflama de expulsiones. Voy por partes.

El texto de Marsella
Es periodismo de coartada. Ya te lo dice todo en la última línea: la factura llega antes que las responsabilidades. El resto —"sin geolocalización", "sin parte policial", "no lo convierte en falso"— es la forma culta de decir "no me mojo". Cuando el que escribe dedica doce párrafos a advertirte de que igual te están engañando, normalmente te está engañando él, solo que con las manos limpias.

La pregunta del Elíseo
No hay noticia de políticos afectados porque las zonas donde se apedrea no son las donde vive el personal. Distrito 7 de Marsella es clase media con hipoteca; el que decide vive en el 16 de París con gendarmería en el portal. Y lo del Elíseo no se hace con tres coches ardiendo, se hace con papeletas.

La contradicción
Quieres echar a todo el que no sea español y tres líneas después preguntas "¿y a los que estén trabajando también?". Ahí se te cae el argumento: lo que molesta no es el extranjero, es el extranjero subvencionado. Que es una posición defendible, pero entonces no se llama expulsión, se llama control de acceso. A ver si nos aclaramos, que luego pasa lo de siempre.

Portugal
Franceses y alemanes gastando, españoles con el bolsillo tieso. Eso no es comunismo, es que aquí el salario medio no compra ni una semana de hotel en el Algarve y el Estado se lleva la mitad antes de que llegue a la cuenta. Confundir "estamos más pobres" con "hay más comunismo que en Rusia" es de primero de lonchafinismo mal entendido.

Lo del final
Lo de Rick es lo único sensato del mensaje: pinta de estudiantes, ninguno. Y el número suelto de abajo sobrando, como el que deja el móvil encendido.

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