Nueve años después, arranca el juicio por el ojo de Roger Español
El juicio por el bolazo de goma que dejó tuerto a Roger Español durante el referéndum arranca nueve años después de los hechos. La vista oral se abre sin que el fondo del asunto haya cambiado un ápice: ¿cuándo es proporcionado un disparo de goma contra una manifestación? Español ha insistido en que en aquel instante ningún manifestante suponía una amenaza y que no había lanzamientos contra la línea policial.
Qué admite el propio herido
Roger Español ha admitido que lanzó a la calzada unas vallas que encontró en una obra para impedir el avance de los policías hacia el siguiente punto de votación. Añade que no las dirigió a ningún agente. La defensa jugará con ese contexto; la acusación, con el resultado: un nervio óptico segado.
En el debate generado por el caso han aparecido dos corrientes difíciles de reconciliar. Una pone el foco en la impunidad de los antidisturbios y en la lentitud judicial. Otra, en el comportamiento del manifestante y en la factura que, según sostiene algún comentario, acaba pagando el contribuyente. Entre medias, el apellido del herido hizo correr ríos de tinta irónica.
Por qué el juicio tarda nueve años en llegar
La cifra es el verdadero titular. Nueve años entre el disparo y la vista oral. Para un proceso por lesiones, ese lapso no es una anécdota: difumina recuerdos, desgasta testigos y deja a la víctima con el daño ya consolidado, sin margen de reparación real.
Un ojo perdido, un juicio y casi una década de por medio. La lentitud, esa, no se sienta en el banquillo.