Hallazgos clave en arqueología paleocristiana: del bautismo en Hippos a las epístolas recuperadas
Un bloque de mármol con tres cavidades hemisféricas hallado en Hippos, junto al Mar de Galilea, ha reabierto el debate sobre los rituales bautismales en la Decápolis griega del siglo VI. La Universidad de Haifa lo presenta como un objeto único, pero conviene aislar el ruido: la conexión con Jesús es puro
clickbait. La pieza data de décadas posteriores a Justiniano, no del siglo I.
Mientras tanto, en España, la basílica paleocristiana de Cástulo (Jaén) conserva la Patena de Cástulo, posiblemente la representación más antigua de Cristo en la península, fechada a principios del siglo IV. Y en Anatolia, cinco hogazas de pan carbonizadas de hace 1.300 años aparecieron en el yacimiento de Irenópolis, una con la imagen grabada de Cristo como agricultor.
Pero el hallazgo que más ha movido el tablero académico es la recuperación de 42 páginas perdidas de las epístolas de San Pablo en el Códice H, un manuscrito griego del siglo VI. Investigadores han logrado leer las manchas de tinta dejadas en páginas adyacentes y han rescatado el llamado «aparato euthaliano», un sistema antiguo de ayudas al estudio que complementa a los Hechos de los Apóstoles.
La arqueología bíblica y paleocristiana avanza a trompicones entre el sensacionalismo mediático y el trabajo de hormiga de los laboratorios. Mientras unos ven en una piedra con tres agujeros un misterio mundial, otros prefieren esperar a que el polvo se asiente. La información disponible apunta a que el cristianismo primitivo fue mucho más diverso y complejo de lo que cuentan los titulares.
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