Armenia deja de esperar a Rusia y busca apoyo en Irán
La esperanza de que Rusia proteja a Armenia se ha esfumado. Así lo vino a reconocer el secretario del Consejo de Seguridad armenio, Armen Grigoryan, en unas declaraciones que han caído como una losa sobre el relato del aliado histórico y que dejan al país entre dos fuegos: Turquía y Azerbaiyán por un lado, y un Moscú que cada vez mira menos hacia el Cáucaso. A la fecha de esta discusión, la pregunta ya no era si Armenia debía buscar otras alianzas, sino a quién demonios podía pedírselas.
Armenia es un país de
3 millones de habitantes y sin salida al mar. Rodeado por vecinos que, en el mejor de los casos, le son indiferentes. Ese es el punto de partida de cualquier análisis serio, y también el que suele olvidarse cuando se reparten consejos geopolíticos desde la distancia.
Qué dijo Armen Grigoryan sobre la protección rusa
El mensaje del secretario del Consejo de Seguridad armenio fue rotundo: la expectativa de que Moscú ejerza como garante de seguridad ha desaparecido. No es una frase menor. Armenia lleva décadas integrada en estructuras de seguridad de influencia rusa y vendió durante años esa dependencia como un escudo frente a Ankara y Bakú. El escudo, según esta versión, ya no cubre nada.
La lectura más extendida señala que Rusia está absorbida por su propio frente y no tiene capacidad ni interés en defender a un socio que, además, lleva tiempo coqueteando con Bruselas y Washington. Hay quien sostiene que esa deriva occidental fue precisamente el error: que un país pequeño rodeado de adversarios no puede permitirse quedar mal con su principal proveedor de seguridad. En contra pesa el argumento contrario, igual de sólido: si el garante no garantiza, la fidelidad es solo una forma elegante de esperar sentado.
El giro hacia Irán: la alianza que impone la geografía
A falta de Rusia, el vecino que queda es Irán. Fronterizo, interesado en que no se muevan las fronteras de la región y, sobre el papel, dispuesto a frenar cualquier expansión azerí. Según las informaciones que se manejan en este asunto, Teherán ha desplegado fuerzas militares en la frontera con Armenia y ha dejado claro que no acepta cambios fronterizos entre los implicados en el conflicto.
Ese es el dato duro de toda la ecuación. Irán no actúa por afecto hacia Ereván, sino por interés propio: una franja norte de su territorio está poblada mayoritariamente por azeríes, con Tabriz como referencia, y una Azerbaiyán envalentonada es lo último que quiere ver en su flanco. El matrimonio de conveniencia tiene, por tanto, fecha de caducidad incierta pero segura.
Por qué Grecia aparece como socio natural de Armenia
El eje mediterráneo también entra en juego. En Grecia la solidaridad con la causa armenia es masiva, y no por casualidad: comparten memoria histórica, una relación tensa con Turquía y una diáspora que pesa en la política exterior. Añadir a Italia a ese eje, como aliado natural por historia y por posición, es una de las tesis que más recorrido tienen en el análisis del tablero. Lo llamativo es que, mientras en Grecia se enarbola la solidaridad, en Bakú ondean banderas de Israel.
El arma israelí que dispara Azerbaiyán
Ahí está uno de los nudos que menos se explican. Israel ha vendido armamento a Azerbaiyán, y ese armamento se ha empleado en operaciones contra posiciones armenias en Nagorno Karabaj. El detalle descoloca a más de uno: Azerbaiyán, de mayoría musulmana chií, se alinea con Israel, mientras Armenia, de mayoría cristiana, enarbola simbólicamente la bandera de Irán. La geopolítica rara vez respeta los guiones que le escribimos desde fuera.
La vía económica: troika, reformas y el espejo de Georgia
La propuesta que más tinta hizo correr en este asunto no era militar, sino económica: atraer capital extranjero y de la diáspora, reformar la economía de arriba abajo siguiendo el modelo aplicado en Georgia y explotar la posición entre Europa y Asia Central. El problema es que Georgia, el supuesto espejo, ni siquiera ha sido aceptada como candidata a la UE, y Armenia tampoco forma parte del club comunitario. De modo que la hoja de ruta suena razonable sobre el papel y muy complicada en la práctica.
Amenizar el conflicto, llevarlo del terreno militar a la discusión de sobremesa, exige desarrollo, comercio e inversión. Y eso exige, a su vez, que los actores más beligerantes cumplan los acuerdos. Nadie ha explicado todavía cómo se obliga a cumplir a quien no depende de ti.
Con Irán desplegando tropas, Grecia solidarizándose y Rusia ausente, el equilibrio del Cáucaso se sostiene sobre alfileres. Si ese eje de conveniencia aguanta, Armenia ganará tiempo. Si no, el país se quedará a la intemperie. Nada de esto está escrito.