Aramís Fuster: inquiokupa o víctima? La vidente debe 15.000 € y pide 30.000 para irse
La que fue una de las videntes más mediáticas de España vuelve a la actualidad, pero no por sus predicciones. Aramís Fuster denunció ante las cámaras de 'Y Ahora Sonsoles' que vive sin luz ni agua en un piso alquilado, acusando a su casero de acoso y amenazas. Sin embargo, el propietario del inmueble ha dado una versión muy distinta: según él, la inquilina acumula una deuda de unos 15.000 euros y le exige 30.000 para marcharse. «Nos está extorsionando», asegura.
El casero contraataca: «Ella es quien debe»
El arrendador, que ha preferido mantener el anonimato, asegura que Fuster lleva meses sin pagar el alquiler y que la suma adeudada ronda los 15.000 euros. En lugar de abandonar la vivienda, la vidente estaría pidiendo 30.000 euros como condición para irse. «Todo lo que dice ella son cosas sin sentido», declaró el hombre, visiblemente molesto. La versión de la pitonisa, que se declara vulnerable y en una situación límite, contrasta con la del propietario, que la califica de «extorsión». El caso, que mezcla morosidad con la figura legal de la 'inquiokupación', ha reabierto el debate sobre los riesgos de alquilar a ciertos perfiles.
Un historial de polémicas y una pregunta: ¿y la clarividencia?
Aramís Fuster ha tenido una carrera televisiva ligada al esoterismo y, según algunas informaciones, también a la venta de contenido erótico. Los comentarios en redes no han tardado en ironizar: «Si es vidente, que sepa a qué números jugar para salir de la ruina», «Esto no lo vio venir». Más allá del morbo, el caso ilustra las dificultades de los pequeños propietarios para hacer valer sus derechos frente a inquilinos que dejan de pagar. La deuda de 15.000 euros y la exigencia de 30.000 para desalojar sitúan este conflicto en la frontera entre el impago y el presunto aprovechamiento de la legislación.
El culebrón judicial no ha hecho más que empezar. Mientras la vidente asegura que el casero la tiene «secuestrada» en su propia casa, el propietario insiste en que la realidad es la contraria. Lo único cierto es que, de momento, ni la clarividencia de Aramís ni la paciencia del casero han resuelto el enredo.