Aquí ya no hay quien viva, o cómo Madrid se ha vuelto imposible para los madrileños

soy madrileño, he vivido en Alcalá de Henares, practicamente toda mi vida, quitando unos 5 años que estuve viviendo por distintas regiones de España y parte en el extranjero

El problema de Madrid no es el turismo, turistas siempre ha habido, el problema de Madrid es la llegada masiva de forasteros en los ultimos diez años, especialmente desde el 2022 hacia acá, hoy he estado en el centro comercial oasiz en torrejon de ardoz yendo a ver una peli con mi mujer, y en muchos trayectos ella y yo eramos los únicos españoles, estaba lleno literalmente de personas de origen latinoamericano

para luego tener que oir a la fuerte de la ayuso que "todos los acentos caben en Madrid" o al pagascal "que son nuestros hermanos de america" , que parece que criticar a los ingeniero y a los subsaharianos está muy bien (que me parece estupendo) pero pocas criticas hay hacia los latinoamericanos
 
Para los madrileños pobres quiere decir, las grandes capitales y ciudades top mundiales son caras, no son lugares para pobres, en Madrid estimo minimo 3k al mes por cabeza

Tanto en Europa o America en las ciudades top para llevar una buena vida son lugares caros, Sao Paolo, BAs, Santiago, Montevideo son caras y de norteamerica ni hablamos, excepcion paises del Sudeste Asiatico y tampoco son tan baratas como parece si quieres llevar buena vida que no es un cuarto de 10m2, ventilador y fideos de 2 dolares
 
El problema que le mete madrid al resto de españa, ya lo habeis comentado, es que es la puerta de entrada de mucha inmi gración que entra por barajas y que al cabo de poco pasa de vivir en pisos de usera o de vicalvaro a meterse en pedanias de castilla la mancha, en pisos en soria o salamanca o avila o en una casa en la mariña lucense.

Al final los tienes hasta en la sopa y mira que ya es complicado que un forastero acabe en ciertos lugares, pero es que hace 20 años no salian de madrid y los veias alli y poco más.

Ahora los tienes en sitios que dices "este que hace aqui, se habrá perdido o que?". Que es indicativo, para los que no tienen el cerebro lavado a tope, de que ya no son 4 gatos como te dicen los de la izquierda y la agenda 2030, todo sea dicho.
 
El problema que le mete madrid al resto de españa, ya lo habeis comentado, es que es la puerta de entrada de mucha inmi gración que entra por barajas y que al cabo de poco pasa de vivir en pisos de usera o de vicalvaro a meterse en pedanias de castilla la mancha, en pisos en soria o salamanca o avila o en una casa en la mariña lucense.

Al final los tienes hasta en la sopa y mira que ya es complicado que un forastero acabe en ciertos lugares, pero es que hace 20 años no salian de madrid y los veias alli y poco más.

Ahora los tienes en sitios que dices "este que hace aqui, se habrá perdido o que?". Que es indicativo, para los que no tienen el cerebro lavado a tope, de que ya no son 4 gatos como te dicen los de la izquierda y la agenda 2030, todo sea dicho.
Cuando ves que hay ecuatorianos o colombianos en Foz, Mondoñedo o Cangas del Narcea sabes que el Apocalipsis se acerca
 
Yo vivo bien pero claro soy funci tengo 2 pisos el al capital y un chalet en la sierra al que ir en verano fines de semana etc... No vivo mal. Tuve hace poco la oportunidad de irme a Asturias o Valencia pero decidí que no porque me gusta esto y ya tengo patrimonio aquí

Sobre los precios, si sabes buscar de hostelería y eso no me parece más cara que otras ciudades

Lo que ha empeorado la calidad de vida es la superpoblación desde 2019
 
Pues fijate lo que te digo, que el AVE puede llegar a ser el complemento del cercanias para la gente que trabaja en Madrid y vive en Segovia, Toledo, Valladolid o Ciudad Real.
El problema es que las estaciones AVE suelen estar alejadas de las ciudades.
No es como el cercanías, que puedes cogerlo en la estación del centro de Móstoles y vas andando por la mañana.
El AVE Madrid-Segovia tarda 15 minutos, pero de tu casa de Segovia a la estación de AVE, tardas otros 15 y tienes que coger el coche.
 
Madrid se está volviendo un lugar inhóspito. Así lo piensan muchos madrileños que presencian cómo mes a mes su situación en la que fue la ciudad donde nacieron, o que les acogió en algún momento, se hace más y más complicada. A la subida de los alquileres (exorbitante para un salario medio) se suma el aumento del precio de la vida: ropa, supermercado, entradas para asistir a un evento puntual, salir a comer a un restaurante algún día del mes.


Y como suele ser habitual en este tipo de situaciones, siempre hay mentes lúcidas que nos cuentan el cómo hemos llegado a esta situación. Lo de Pedro Bravo —que ya habló tangencialmente del fenómeno en su magnífico Exceso de equipaje: Por qué el turismo es un gran invento hasta que deja de serlo (2018)— es una reflexión en voz alta, que parte de una tesis clara: las ciudades han dejado de pensarse como espacios de vida para transformarse en empresas que compiten entre ellas por tener a los mejores turistas, los más ricos, los más limpios y los que más dinero dejan.


“Una de las tesis del libro, y una de las causas de muchas de las dinámicas que analizo, es cómo las ciudades —especialmente las llamadas ciudades globales, pero no solo, también las intermedias e incluso algunas pequeñas—, entendidas aquí como sus administraciones, se están dedicando en los últimos años a comportarse como empresas dentro de un mercado competitivo con otras ciudades. Por tanto, pasan a considerar las ciudades que gestionan como productos”, explica, mientras señala un cambio estructural que atraviesa políticas públicas, estrategias culturales y planificación urbana.

Un giro que está haciendo que lo que entendíamos por ciudad cambie de forma drástica. Su uso se está transformando y lo que era un lugar donde vivir, ahora está mutando en un producto que debe posicionarse en un mercado global, compitiendo con otras ciudades del planeta. “De ahí surgen estrategias como la marca ciudad, el funcionamiento como agencias de eventos o la promoción de rodajes de forma bastante acrítica, bajo la idea de que eso atraerá gente. Lo que hay detrás es una búsqueda explícita de atraer inversores y visitantes”, añade. Todo responde a un mismo objetivo, captar lo que Bravo denomina “accionistas y clientes”.


Las consecuencias, insiste, tienen efectos directos sobre nuestro día a día. “Las ciudades no son empresas”, subraya. “Lo que son es sobre todo comunidades en las que las personas nos venimos encontrando para vivir y tener una vida, en principio, lo mejor posible”. Ese desplazamiento —de comunidad a producto— es el punto de partida de lo que denomina “corporativización de las ciudades”, un proceso que, lejos de mejorar su funcionamiento, introduce “un montón de disfuncionalidades”.


La conversación con Bravo es sosegada, pero no deja de tener valor por la visión tan descriptiva y elocuente de todo aquello que nos rodea. Y apunta como muchos de los problemas actuales —desde la vivienda hasta la pérdida de identidad urbana— nacen de ese cambio de paradigma. “Muchos de los males que estamos sufriendo en las ciudades vienen a causa de eso”, afirma, a la vez que logra conectar con esa idea tan real como certera de “extrañamiento y desamor” que atraviesa nuestra relación con las ciudades.

Madrid como caso de éxito… y de fracaso​

El análisis de Bravo se torna si acaso más oscuro cuando lo aterriza en su ciudad, Madrid. Dónde hemos llegado tarde, pero lo estamos abrazando con suma devoción. “Visto desde la lógica de la competición, o desde la perspectiva de quienes quieren que Madrid brille en ese mercado competitivo de ciudades —que yo considero negativo para todas—, está muy bien posicionada”, explica de la deriva que nos asola. “Ahora mismo es uno de los principales hubs del ámbito latino, si no el principal, tanto para capital inmobiliario como para sectores vinculados a la creatividad y los espectáculos”.

La capital se ha convertido en un nodo clave de inversión, turismo y cultura global, con capacidad para atraer capital internacional, grandes eventos y flujos constantes de visitantes. Sin embargo, ese éxito tiene una cara menos visible. “Visto desde la mirada de los ciudadanos, es un fracaso”, sentencia. “Porque ese dinero que se genera no se reinvierte realmente en la ciudad, y la gente que trabaja en estos sectores es poca y, en general, con sueldos bajos”.


Lo que funciona para el mercado no funciona para la vida. Y la vivienda se ha convertido en el ejemplo más evidente. “El acceso a una casa se está volviendo prácticamente un imposible. Los precios, tanto de alquiler como de compra, se han disparado en los últimos años. Los datos están ahí; ni siquiera hace falta citarlos. Y, además, cada vez que mencionas uno, ya se ha quedado corto”, detalla de un problema que no solo se limita al acceso a la vivienda.


Bravo describe una inflación generalizada del coste de la vida, especialmente en sectores como la hostelería, que, paradójicamente, tampoco se benefician del modelo. Los negocios locales, intentando adaptarse a esos supuestos clientes que vienen de fuera, terminan atrapados en una dinámica que no es capaz de sostener ni a turistas ni a residentes. “La realidad es que, al menos en los barrios más turísticos, los negocios de hostelería lo están pasando mal”, continúa. “Los precios de hoteles, apartamentos y viviendas de uso turístico son tan altos que los visitantes no pueden permitirse salir a comer o cenar todos los días. Ese modelo, centrado en el sector servicios, no está funcionando como se esperaba”.

A esto se suma una transformación mucho más profunda: la pérdida de diversidad. “Se está creando una homogeneización de lo que es la ciudad”, señala. La dificultad para que sobrevivan proyectos pequeños y medianos obliga a una reducción drástica de opciones vitales. “Cuando se hace imposible sobrevivir y, desde las administraciones y las estrategias de posicionamiento, se intenta atraer a grandes capitales internacionales, se dificulta que los proyectos pequeños y medianos puedan desarrollarse. Y eso afecta directamente a la diversidad económica”, añade.


Una ciudad de la que se presumía que se vivía bien ahora es un lugar donde cada vez se vive peor. “Quizá quienes viven bien son los que vienen puntualmente con mucho dinero”, señala. “Porque incluso los turistas con presupuestos ajustados tampoco pueden disfrutar de una gran experiencia, por decirlo así”. El resultado es una ciudad donde vivir bien deja de ser la norma.

Expulsión, desigualdad y pérdida de comunidad​

Uno de los aportes más contundentes de Todo esto antes era ciudad es su explicación del desplazamiento urbano como un proceso ya continuo, no como un fenómeno puntual. Frente a esa idea absurda de que esto solo sucede en barrios del centro de la capital, Bravo describe una imagen más dura: “Esto es como cuando tiras una piedra al agua y se crean ondas”.


Cuando el centro se vuelve inaccesible, la presión se traslada a los barrios periféricos, lo que al final termina generando un efecto en cadena. “Si en el centro ya no se puede vivir y quien pagaba, por ejemplo, mil euros por un piso tiene que desplazarse a una zona más exterior, pasará a pagar más allí y acabará expulsando a quien vivía en ese barrio, que se irá todavía más lejos. Y así sucesivamente”, explica de unos movimientos que resienten todo el delicado engranaje de la ciudad.


“Al facilitar este modelo, lo que se está haciendo es complicar enormemente la gestión de la ciudad, que además se expande cada vez más. Si la gente se desplaza continuamente hacia la periferia, todo se vuelve más difícil: el transporte, la movilidad, la organización del tiempo”, reflexiona. “Si tardas más en llegar al trabajo, pierdes tiempo de vida y de ocio. Y la diversificación económica sufre el mismo proceso. Todo esto genera problemas que nadie está abordando con una visión de conjunto”.


Acto seguido, puntualiza cómo la ciudad de Madrid ya se extiende fuera de la propia Comunidad de Madrid. “Hay mucha gente viviendo fuera, en territorios limítrofes, y eso es un sin Dios”, describe de un crecimiento que ya resulta negativo, muy difícil de gestionar, entre otras cosas porque la ciudad tiene límites administrativos. “En Madrid no existe una autoridad que gestione de forma integral el área metropolitana, y no parece que vaya a existir a corto plazo”.


Y continúa abordando el tema de la desigualdad, cada vez más visible: “Al concentrarse todo en un mismo lugar —un lugar que además crece y absorbe cada vez más procesos—, se genera una fuerte desigualdad interna. Madrid es una de las ciudades más desiguales de la OCDE”. A todo esto también está la desigualdad interterritorial. “La primacía de Madrid en estos procesos hace que otras ciudades, cercanas o no, pierdan peso. Y eso es negativo para el conjunto, porque la cohesión territorial pasa por una red de ciudades fuertes, aunque sean más pequeñas, donde se pueda desarrollar una vida con oportunidades”, comenta.

¿Hay salida? Pensar la ciudad de otra manera​

Lo realmente interesante (y refrescante) de la obra de Bravo es una segunda parte llena de esperanza, a pesar de no ofrecer recetas sencillas. “En el libro no me atrevo a dar soluciones concretas”, reconoce, aunque sí plantea líneas de reflexión claras. La principal pasa por un acercamiento diferente a nuestro ecosistema vital y urbano. “Recuperar la idea de ciudad no como producto, sino como lugar en el que vivir”, resume.


Esa recuperación implica condiciones básicas: acceso a la vivienda, proximidad entre trabajo y hogar, diversidad económica, relaciones sociales. “Que tu trabajo cubra y sobre para pagar el piso y tener una vida decente”, enumera. En última instancia, el libro plantea una forma de resistencia. “Rebelarse en el buen sentido”, dice. Negarse a aceptar que la ciudad deba funcionar como una empresa. Defender que vivir en ella no sea un privilegio. Recordar, en definitiva, que antes todo esto era ciudad… y que aún podría volver a serlo.

Aquí uno que expulsaron hace 18 años ya.
 
Llevas razón, pero la idea de la descentralización es evitar el efecto de concentración. Madrid concentra población y ha vaciado Castilla y las provincias históricamente castellanas por su centralidad.

Tener otra capitalidad como propone el hilo en una ciudad nueva crearía el mismo efecto en una década.

Si lo que se quiere es reducir el efecto de capitalidad la idea es que esté la capitalidad distribuida o que sea itinerante.
Itinerante sería un disparate total.

Distribuida si es más viable y razonable y se puede contruir a medio y largo plazo.
 
Sigues sin entender que:

- Madrid tiene un 100% más de intentos de asesinato que Bcn.

- Bcn los mismos intentos que Málaga y la triplica en población.

- Bcn solo tiene un 50% más que Valencia, a pesar de que la dobla en población.

- Sigues sin entender que la delincuencia no se dobla con la población, como demuestran Málaga, Valencia y Barcelona.



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La delincuencia no se dobla con la población entonces es lo mismo 10 asesinatos en una ciudad de 1M de habitantes que en un pueblo de mil, a ver quien es el que no lo entiende meparto: meparto:
 
Eso mismo llevo yo diciendo hace tiempo. Repartir los funcionarios en ciudades de segunda o tercera tipo León, Burgos, Lugo, Teruel, Jaén, Cáceres, etc.

Ciudades donde la vivienda sea más o menos asequible y haya terreno para crecer.

Madrid se beneficiaría mucho liberando vivienda y carreteras para trabajadores de sectores más productivos. Las demás ciudades también, llenando la España vaciada.


Eso que comentas ya existe, Madrid capital tiene unos 150.000 funcionarios estatales (el 30% de los funcionarios estatales de toda España).

Perder 150.000 en una poblacion de 3.500.000 (sin contar el área metropolitana) no supondría ningún alivio para Madrid, ni en la vivienda ni en tráfico, porque "al día siguiente" tendrías otros 150.000 personas de diversos orígenes que comprarían las viviendas de esos funcionarios que se han marchado.

Y 150.000 funcionarios madrileños repartidos por toda España tampoco supondrían una gran diferencia positiva para el resto de España.
Además no podríamos redistribuir a todos sin dejar a los madrileños sin servicios y administración estatal. Realmente no serían 150.000, serían menos (solo una parte de los que trabajan en las sedes de los ministerios y algún que otro organismo más), unas pocas decenas de miles porque si quitas de Madrid la sede de un ministerio tendrías que poner organismos territoriales, delegaciones, consejos, etc.
 
La delincuencia no se dobla con la población entonces es lo mismo 10 asesinatos en una ciudad de 1M de habitantes que en un pueblo de mil, a ver quien es el que no lo entiende meparto: meparto:


Sigues sin entender que:

- Madrid tiene un 100% más de intentos de asesinato que Bcn.

- Bcn los mismos intentos que Málaga y la triplica en población.

- Bcn solo tiene un 50% más que Valencia, a pesar de que la dobla en población.

- Sigues sin entender que la delincuencia no se dobla con la población salvo en casos de delincuencia como el Madrid de Ayuso, como demuestran Málaga, Valencia y Barcelona: Barcelona triplica en población a Málaga y tiene el mismo número de intentos de asesinato.

Dale las gracias a Ayuso.



Resumen: no lo entiendes.

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El problema es que las estaciones AVE suelen estar alejadas de las ciudades.
No es como el cercanías, que puedes cogerlo en la estación del centro de Móstoles y vas andando por la mañana.
El AVE Madrid-Segovia tarda 15 minutos, pero de tu casa de Segovia a la estación de AVE, tardas otros 15 y tienes que coger el coche.
Y sale a cuenta. En media hora no llegas de Mostoles a Principe Pio en autobus. Y subirse a un cercanias es jugarsela.
 
Sigues sin entender que:

- Madrid tiene un 100% más de intentos de asesinato que Bcn.

- Bcn los mismos intentos que Málaga y la triplica en población.

- Bcn solo tiene un 50% más que Valencia, a pesar de que la dobla en población.

- Sigues sin entender que la delincuencia no se dobla con la población salvo en casos de delincuencia como el Madrid de Ayuso, como demuestran Málaga, Valencia y Barcelona: Barcelona triplica en población a Málaga y tiene el mismo número de intentos de asesinato.

Dale las gracias a Ayuso.



Resumen: no lo entiendes.

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No es lo mismo tener 20 kg de grasa pesando 100 kg que tener 20 kg de grasa pesando 50 kg.
 
El problema que le mete madrid al resto de españa, ya lo habeis comentado, es que es la puerta de entrada de mucha inmi gración que entra por barajas y que al cabo de poco pasa de vivir en pisos de usera o de vicalvaro a meterse en pedanias de castilla la mancha, en pisos en soria o salamanca o avila o en una casa en la mariña lucense.

Al final los tienes hasta en la sopa y mira que ya es complicado que un forastero acabe en ciertos lugares, pero es que hace 20 años no salian de madrid y los veias alli y poco más.

Ahora los tienes en sitios que dices "este que hace aqui, se habrá perdido o que?". Que es indicativo, para los que no tienen el cerebro lavado a tope, de que ya no son 4 gatos como te dicen los de la izquierda y la agenda 2030, todo sea dicho.
Conoco a una familia de origen latinoamericano que trabajan en Ciempozuelos y viven en un pueblo de Cuenca roto2 , al parecer allí pagan mucho menos de alquiler y les compensa.

La llegada masiva es brutal y no sale por la tele
 
Última edición:
No es lo mismo tener 20 kg de grasa pesando 100 kg que tener 20 kg de grasa pesando 50 kg.



Sigues sin entender que Madrid tiene muchos más intentos de asesinato proporcionalmente:


- Madrid tiene un 100% más de intentos de asesinato que Bcn con el doble de población residente pero teniendo Bcn un 50% más de población flotante.

- Bcn los mismos intentos que Málaga y la triplica en población. Madrid casi dobla a Bcn en intentos de asesinato.

- Bcn solo tiene un 50% más de intentos de asesinaro que Valencia, a pesar de que la dobla en población. Madrid casi dobla a Bcn en intentos de asesinato.

- Sigues sin entender que la delincuencia no se dobla con la población salvo en casos de delincuencia como el Madrid de Ayuso, como demuestran Málaga, Valencia y Barcelona: Barcelona triplica en población a Málaga y tiene el mismo número de intentos de asesinato.




Dale las gracias a Ayuso.



Resumen: no lo entiendes





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Sigues sin entender que Madrid tiene muchos más intentos de asesinato proporcionalmente:


- Madrid tiene un 100% más de intentos de asesinato que Bcn con el doble de población residente pero teniendo Bcn un 50% más de población flotante.

- Bcn los mismos intentos que Málaga y la triplica en población. Madrid casi dobla a Bcn en intentos de asesinato.

- Bcn solo tiene un 50% más de intentos de asesinaro que Valencia, a pesar de que la dobla en población. Madrid casi dobla a Bcn en intentos de asesinato.

- Sigues sin entender que la delincuencia no se dobla con la población salvo en casos de delincuencia como el Madrid de Ayuso, como demuestran Málaga, Valencia y Barcelona: Barcelona triplica en población a Málaga y tiene el mismo número de intentos de asesinato.




Dale las gracias a Ayuso.



Resumen: no lo entiendes





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Sumas las tentativas y no los consumados, que son muchos menos, y, como siempre, eludes que Barcelona está delimitada en modo clasista de modo que loa barrios donde ocurren los crímenes son municipios separados, como serían en Madrid de haberse mantenido los límites municipales de 1940.
 

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