El iPhone plegable aterriza en España por 2.400€: 700 más que en EEUU
Un smartphone de 2017 con carcasa de aluminio aeronáutico sigue encendido. Costó 300€. Un Galaxy de 2014, también. Mientras esos veteranos aguantan, Apple ha cerrado su keynote de septiembre poniendo a la venta un iPhone plegable por 2.400€ en España y 1.700€ en Estados Unidos. El mismo evento sirvió para lanzar el iPhone 18 Pro: 1.500€ aquí, 1.000€ al otro lado del Atlántico. Doble pantalla —interior y exterior— y cámara de 48 megapíxeles como principales reclamos técnicos.
Cuánto cuesta el iPhone plegable en España frente a EEUU
Los números cantan solos. El plegable cuesta 2.400€ en España y 1.700€ en EEUU: una brecha de 700€, un 41% más. El iPhone 18 Pro mantiene el patrón con 1.500€ frente a 1.000€, un 50% de sobreprecio. Sobre el papel, ninguno de los dos modelos debería despertar dudas técnicas. Sobre la cartera, la conversión no cuadra ni con el tipo de cambio ni con el IVA. Y la lista sigue: la versión del plegable con 2TB de almacenamiento sale a 3.839€.
El precio de gama alta que empuja al resto
Aquí el detalle que casi nadie mira. El tope de gama no solo se vende: también fija el listón. Cuando un fabricante coloca su buque insignia en cuatro cifras, el resto del catálogo —y buena parte de la competencia— reposiciona precios al alza. Hace dos décadas un smartphone puntero costaba 600€; hoy ni 2.000€ garantizan el tope. El precio de referencia se filtra hacia abajo y contamina toda la gama: componentes de PC, electrodomésticos, coches. No es que el plegable sea caro; es que hace parecer barato lo que debería ser normal.
La IA también encarece las tarjetas de memoria
Al almacenamiento le ha salido un competidor inesperado. Una microSD de 1TB costaba menos de 100€ hace no tanto; hoy ronda los 200€. La culpa, según el análisis que circula, la tiene la demanda de memoria para inteligencia artificial, que ha tensionado el mercado. Si el ritmo histórico de abaratamiento se hubiera mantenido, una tarjeta de 2TB saldría por poco más de 100€. Los 2TB del iPhone, en cambio, cuestan 3.839€ de teléfono entero.
Se compra estatus, no hardware
El teléfono es lo de menos. Hay quien sostiene que el problema de fondo no es el precio, sino la financiación: si las ventas se cierran a crédito a plazos, el dato no habla de tecnología, habla de la economía real. La tesis se repite en varios registros: no se compra un móvil, se compra un símbolo. La versión dura del argumento añade que el verdadero atractivo no es tenerlo, sino que los demás no puedan tenerlo —un bien posicional de manual— y apunta ya a la segunda generación, que llegaría más cara.
El móvil de 140€ que hace lo mismo
En la otra esquina, la resistencia numantina. Un terminal de 140€ con Android cubre llamadas, internet y mensajería; para muchos, eso es todo lo que hace falta. El argumento del «mi móvil barato hace lo mismo» tiene su punto: la doble pantalla se dobla pocas veces al día y la cámara de 48 megapíxeles rara vez sale del automático. Hubo incluso quien resucitó un LG de 2018 cambiándole solo la batería: hoy funciona como reproductor de música con pantalla. La duda razonable no es si el plegable funciona, sino cuánto de su precio paga la etiqueta.
El modelo de 2TB deja la cuenta en 3.839€. El plegable base, a 2.400€, roza las 400.000 pesetas. Y el iPhone 18 Pro, con su listón de 1.500€ en España, se cuela por debajo del plegable como si fuera una ganga. Ese es el truco: cuando el techo sube, todo lo demás parece barato.