Por qué apenas se ven banderas de España en el Mundial a pesar de los cuartos
¿Se ha preguntado por qué este Mundial no se ven banderas de España en los balcones, cuando el equipo está en cuartos por primera vez en 16 años? El contraste con 2008 o 2010 es brutal: entonces las calles se teñían de rojo y amarillo; hoy, cuesta encontrar una bandera cada tres bloques de pisos. Las audiencias televisivas, sin embargo, se mantienen similares a las de hace una década. Algo chirría en la relación del país con su selección.
Demografía: 4 millones más de habitantes, pero menos banderas
España ha ganado cuatro millones de habitantes desde 2010, según datos del INE citados en el análisis, pero el número de ciudadanos nacidos en España se habría reducido en unos tres millones en el mismo periodo. La composición demográfica ha cambiado: la población extranjera, especialmente de origen latinoamericano y magrebí, muestra más lealtad a sus propias selecciones. En Madrid, se ven camisetas de Colombia, México o Argentina con más frecuencia que la roja. El consumo de fútbol se ha diversificado y la identificación con la selección española se diluye.
De la bandera a la camiseta: el individuo frente a lo colectivo
Un fenómeno paralelo es la sustitución de la bandera por la camiseta. Los aficionados ya no cuelgan enseñas en los balcones; llevan la elástica de su jugador favorito. Es un gesto más individual, menos ligado al sentimiento nacional. Algunos analizan esto como una evolución del consumo deportivo: se parece más a seguir la Superbowl como evento social que a una manifestación patriótica. La bandera, en cambio, ha quedado asociada a un discurso político que muchos prefieren evitar.
El estigma de la bandera y el hartazgo económico
Varios comentaristas apuntan a que la bandera de España se ha politizado. Mostrarla en público puede interpretarse como un gesto de derecha o extrema derecha, lo que disuade a una parte de la población. A esto se suma el contexto económico: la gente «tiene bastante con llegar a fin de mes», como señala un análisis, y el fútbol se percibe como un circo lejano, sobre todo cuando la FIFA acumula escándalos de corrupción. La combinación de fatiga económica y polarización política habría enfriado el fervor.
Conclusión: un país que ya no se reconoce en su selección?
Se ha pasado de «la Selección Nacional de España» a «La Roja», un nombre aséptico que no menciona el país. El debate sobre la composición del equipo –con jugadores de orígenes diversos– también resuena. Cuando el mejor resultado en 16 años apenas mueve a colgar banderas, la pregunta es si el sentimiento de pertenencia se ha roto o simplemente ha mutado hacia formas más discretas. Las audiencias siguen ahí, pero las calles callan. Algo huele a quemado en el jardín de la Roja.