Esther Martínez se enfrenta a los que querían boicotear la televisión gigante del parque
La secretaria general del PP vasco y portavoz en Bilbao, Esther Martínez, se interpuso entre un grupo de personas y la pantalla gigante instalada en el parque de Doña Casilda para retransmitir la final de fútbol. «Antes de que se carguen la pantalla, me llevan a mí por delante», declaró la política, vestida con la camiseta roja de España. El incidente ocurrió cuando varios individuos intentaron boicotear el evento.
El contexto político del altercado
La instalación de la pantalla no fue casual. Según se ha sabido, fue el PP quien la colocó en el parque, mientras que el PNV habría rechazado ubicarla en un lugar céntrico con protección policial. Este trasfondo partidista avivó las tensiones. Martínez, visiblemente decidida, se colocó delante de los alborotadores y les pidió que parasen. «Me he puesto en medio», relató después.
La reacción en redes y foros no se hizo esperar. Buena parte de la discusión giró en torno al perfil físico de los boicoteadores, con comentarios que cuestionaban su origen vasco y derivaban en expresiones xenófobas. Otros, en cambio, defendieron la actuación de la política y criticaron la pasividad de las instituciones ante lo que consideran un intento de coacción.
Audiencia récord en Euskadi
Pese al intento de sabotaje, la retransmisión fue un éxito de audiencia. Cerca de 700.000 espectadores siguieron el encuentro en Euskadi, lo que supuso un 82,6% de cuota de pantalla. Un dato que algunos comentaristas han utilizado para subrayar el arraigo del fútbol en la sociedad vasca, al margen de las disputas identitarias.
¿Delito de odio o respuesta desproporcionada?
El episodio ha reabierto el debate sobre los límites de la protesta. Mientras unos ven en los boicoteadores a mercenarios a sueldo de organizaciones políticas, otros consideran que se ha criminalizado una acción de protesta legítima. La fiscalía no se ha pronunciado, pero el eco mediático ha sido notable.
La imagen de Martínez, abanico en mano y frente al grupo, ya circula como símbolo de una determinada forma de entender la defensa de los símbolos nacionales. Queda por ver si el incidente tendrá consecuencias políticas en un escenario donde el PNV y el PP compiten por el voto moderado.