Valencia a la una de la madrugada: silencio sepulcral y calles vacías en pleno julio
Valencia capital murió de noche este verano. Al menos, a la una de la madrugada, cuando un motorista recorrió la ciudad y se topó con un silencio que no recordaba. Ni tertulias en terrazas, ni grupos de jóvenes, ni apenas tráfico. Solo el zumbido de su moto refrigerada por aire, que obligaba a paradas para que el motor no se fundiera.
Una ciudad fantasma a 29 grados
La noche del día más caluroso del verano, con 29°C a la una y sensación térmica aún peor, parecía haber ahuyentado a todo el mundo. Las grandes avenidas se cruzaban sin esfuerzo, como si la ciudad se hubiera encogido. La zona de universidades —calles Honduras, Cedro, Blasco Ibáñez—, vacía hasta septiembre, contribuía al despoblamiento. El turismo joven, según los análisis, se ha reducido por la subida de precios y busca destinos más asequibles.
El ocio se concentra y se encarece
Las ordenanzas de ruido han hecho su trabajo: a las 12:30 cierran la mayoría de los bares con terraza. Pasada esa hora, solo quedan discotecas y pubs con licencia especial, concentrados en el Marina Beach y el puerto. El resto de la ciudad ofrece «tenderetes Paco», sin encanto ni música decente. El viajero buscaba un café con música y un cigarro al aire libre: combinación extinta. El turista «presencial», dice el diagnóstico, se queda en el hotel o en el resort, y no pisa la calle.
La noche valenciana, otrora difusa y bulliciosa, se ha vuelto localizada y programada. «No quedan días de verano-azul». Es posible que en septiembre, con la vuelta de universitarios y temperaturas más suaves, el centro recupere algo de pulso. Pero la sensación de que algo se ha roto —y que no volverá a ser como antes— queda flotando en el aire caliente de julio.