Market Garden: 34.000 hombres, una carretera y 48 horas imposibles
El 82.º aniversario del asalto aerotransportado sobre Holanda ha reabierto una discusión que lleva ocho décadas sin cerrarse. El 17 de septiembre de 1944, 34.000 hombres saltaron sobre los Países Bajos con la promesa de terminar la guerra antes de Navidad. Nueve días después, los supervivientes cruzaban el Rin a nado, de vuelta y en la oscuridad.
Y no, no fue mala suerte. Market Garden fracasó porque su plan era una cadena, y una cadena funciona entera o no funciona: no admite puntos parciales.
¿Por qué fracasó la Operación Market Garden?
El diseño era de una ambición casi insultante. Tres divisiones aerotransportadas repartidas a lo largo de un único eje, todos los puentes entre Eindhoven y Arnhem en manos aliadas y un cuerpo acorazado recorriendo 103 kilómetros por esa misma carretera en 48 horas para cruzar el último puente hacia Alemania. Un solo eje, un solo calendario, cero margen.
El terreno remató la idea. La carretera iba elevada sobre un polder húmedo, con suelo blando a ambos lados: los tanques no podían desplegarse ni combatir fuera del asfalto. A eso se sumaron las radios que fallaron, el puente volado en Son y unas zonas de lanzamiento situadas a millas de sus objetivos. La mitad de la división de Urquhart no estaba disponible el primer día, porque tuvo que asegurar las zonas de aterrizaje para la segunda oleada.
El puente de Nimega y la acusación al general Gavin
Hay quien sostiene que el único objetivo del día 1 que no se cumplió fue la toma del puente de Nimega, y que no falló por la resistencia alemana sino porque el general James Gavin se negó a avanzar sobre él alegando una división Panzer en el flanco que nadie ha logrado documentar. Los alemanes habrían ganado así el tiempo necesario para reforzarlo, y cuando el XXX Cuerpo llegó a Nimega, el 19, el puente seguía en manos alemanas.
En contra, hay quien señala un argumento incómodo: la división de Urquhart tampoco alcanzó todos sus cometidos en plazo. El batallón de Frost tomó el extremo norte del puente de Arnhem el día 17 y aguantó hasta el 21, con una fuerza que el debate califica de insuficiente y sin apoyo posible. Un participante añade que es más de lo que hizo la división de Gavin.
El chivo expiatorio polaco y el reparto de culpas
La cadena de mando ayuda a entender por qué el relato de posguerra se torció. En el componente aerotransportado, Eisenhower estaba por encima de Lewis Brereton, y este por encima de Frederick Browning, segundo al mando del operativo. En el terrestre, Montgomery y Dempsey quedaban fuera de esa línea. Y sin embargo, casi toda la responsabilidad acabó cayendo sobre Montgomery y Browning.
El caso más sucio es el del general Stanisław Sosabowski, que predijo el fracaso de la operación y acabó señalado como culpable. Según se sostiene en el debate, Browning instigó esa versión y jamás se retractó: cayó en desgracia, fue destinado a un puesto secundario y se retiró sin escribir memorias ni conceder entrevistas. Los estadounidenses sí rectificaron después, y trasladaron la culpa a Montgomery y Browning sin asumir responsabilidad propia.
La fidelidad del relato cinematográfico, por cierto, tiene explicación: la película de Attenborough adaptaba el libro de Cornelius Ryan de 1974, construido con cientos de entrevistas a veteranos, y varios de ellos —Frost, Urquhart, Horrocks— fueron consultados durante el rodaje. El esqueleto era real. El reparto de culpas, no tanto.
Ochenta y dos años después, la historia oficial sigue teniendo un agujero del tamaño de un puente. Si nadie documenta esa supuesta división Panzer en el flanco de Gavin, seguiremos contando la batalla a medias. Y cada aniversario volverá a poner el dedo en la llaga.