Angela Rodríguez PAM adelgaza: el ozempic desnuda la hipocresía del body positivity
¿Qué pasa cuando la principal abanderada de la lucha contra la gordofobia aparece más delgada que un alambre? La transformación física de Angela Rodríguez, conocida como PAM, ha desatado un tsunami de reacciones que van desde la celebración hasta el reproche. En las últimas semanas, imágenes de la exdiputada muestran una pérdida de peso tan drástica que muchos la atribuyen al uso de ozempic, el fármaco para la diabetes que se ha convertido en el secreto de medio Hollywood.
El Ozempic como gran nivelador de discursos
El medicamento, originalmente indicado para controlar la glucemia, se ha popularizado como atajo para adelgazar. En el caso de PAM, la coincidencia entre su discurso previo —defendiendo que la gordura no es un problema y denunciando la presión estética— y su actual silueta es, como mínimo, llamativa. Mientras ella misma denunciaba hace semanas que un hospital público le negaba la inseminación artificial por tener un IMC superior a 30, ahora su peso parece haberse desplomado. Según algunos cálculos, habría perdido hasta 10 kilos por semana, lo que apunta a una intervención farmacológica más que a un cambio de hábitos sostenible.
La trampa del cuerpo normativo: entre la salud y la ideología
El dilema no es nuevo: cuando la ciencia médica recomienda adelgazar para reducir riesgos en un embarazo, choca con la ideología que niega que el peso sea un factor de salud. En el caso de PAM, el argumento de que la sanidad pública es «gordófoba» por exigir un IMC menor para la inseminación se topa con la realidad de que, al final, ella misma ha optado por adelgazar. «Si fuera rica podría pagar el tratamiento privado sin adelgazar», llegó a decir, pero la evidencia muestra que el ozempic —un fármaco caro y no subvencionado para este fin— ha sido la solución elegida. Una contradicción que sus críticos no dejan pasar: ¿dónde quedó la defensa de los cuerpos no normativos?
El regreso de la exgorda: el estigma que nunca se va
La figura de la «exgorda» genera una desconfianza especial. Se argumenta que quienes han sido obesas y adelgazan suelen ser las más críticas con quienes siguen siéndolo, como si necesitaran demostrar su nueva condición. En los comentarios sobre PAM se repite la idea de que «mentalmente siempre será gorda», una frase que refleja el prejuicio de que la obesidad es una condición inmutable. Pero también hay quien señala que el cambio físico no borra el carácter: «Lo peor de PAM es lo de dentro», dicen, refiriéndose a su actitud soberbia y su discurso victimista.
La paradoja del body positivity: ¿para quién es válido?
El movimiento body positivity ha sido acusado de ser un refugio para quienes no pueden o no quieren adelgazar, pero cuando sus líderes se adelgazan, el castillo de naipes se derrumba. El ozempic ha hecho más por la delgadez de las activistas gordas que cualquier dieta o gimnasio. Y la pregunta que flota en el aire es si el discurso de aceptación corporal era sincero o simplemente un parche mientras no llegaba la pastilla mágica. En el caso de PAM, la respuesta parece clara: la salud, o la estética, o el deseo de ser madre, han podido más que la ideología.
El tiempo dirá si esta delgadez es permanente o un espejismo farmacológico. Pero lo que ya está claro es que la coherencia pesa menos que el ozempic.