Andalucía, cuna del antiautonomismo con nómina autonómica
Más de mil quinientos mensajes en un hilo de discusión política que apenas dejan ver dos, y lo que aflora es una paradoja tan vieja como el Estado de las Autonomías: políticos que predican el centralismo o la supresión de las comunidades autónomas mientras engordan su cuenta corriente con el presupuesto autonómico. En el tablero andaluz, esa contradicción tiene nombre y apellidos, aunque aquí nos interesa la corriente, no las personas.
Hay quien sostiene que el sistema autonómico genera duplicidades, clientelismo y un gasto superfluo que podría ahorrarse. Pero el argumento tropieza con una realidad incómoda: buena parte de quienes lo esgrimen ocupan escaños o cargos cuyo sueldo –y su poder– depende exactamente de esa estructura que denuncian. Es el mismo mecanismo que mueve a los independentistas a cobrar del Estado que quieren romper: la coherencia es un lujo que la política no puede pagar.
Lo curioso es que el debate, pese a su antigüedad –casi cuatro años–, no se resuelve. Los datos de ejecución presupuestaria, las comparativas de gasto por comunidad y los informes de eficiencia circulan sin que nadie mueva ficha. Y mientras, el andaluz medio observa cómo sus representantes discuten sobre el modelo territorial sin que su bolsillo note la diferencia.
La pregunta que flota en el ambiente: ¿cuánto duraría el antiautonomismo si se cortara la nómina autonómica a sus defensores?