La secta de los comentarios de El País: radiografía de una izquierda que no se rinde
Cerca del 90% de los comentarios en El País provienen de un perfil muy concreto: boomer, suscriptor desde los 70, con convicciones inquebrantables y una retórica que mezcla conspiración ultraderechista y lealtad a Sánchez. La paradoja es que ellos mismos denuncian un inexistente "golpismo" mientras defienden la suspensión de elecciones si Pedro Sánchez lo necesita, lo que los convierte en una secta que encaja mal con el ideal nórdico de democracia que dicen defender. El análisis de sus intervenciones revela que no se trata de un debate político, sino de una identidad militante que justifica cualquier cosa con tal de no soltar el poder.
El perfil del comentarista de El País
La descripción recurrente es la de un jubilado con propiedades y pensión muy por encima de lo que su nivel intelectual o político justificaría. Llevan décadas suscritos, escuchan la SER y su lenguaje está plagado de referencias a "golpismo", "ultraderecha" y "Pedro Guapo". Cualquier crítica a Sánchez —incluso desde la centroizquierda— la consideran fascista. La coherencia no es su fuerte: dicen querer una democracia nórdica pero defienden el peronismo de villa miseria. Su capacidad para movilizarse en comentarios es inversamente proporcional a su impacto electoral fuera de la burbuja.
La desconexión generacional
Mientras estos comentaristas defienden un relato de persecución, la juventud con estudios, idiomas y cultura malvive con sueldos precarios. Los "viejos rojos" disfrutan de jubilaciones y propiedades que no se corresponden con su esfuerzo intelectual, lo que genera un malestar generacional que otros foros reflejan con crudeza. La brecha no es solo ideológica: es económica y demográfica. Los jóvenes ven a esta izquierda como un lastre que defiende sus privilegios bajo el disfraz de progresismo.
¿Secta o base leal?
Los comentarios parecen escritos por una secta porque funcionan como una cámara de eco. Quien discrepa es baneado o silenciado. Además, la necesidad de suscripción para comentar filtra a los más sectarios. Pero también hay quien sostiene que son simplemente la base leal del PSOE, un 25% de votantes que apoyarán a Sánchez haga lo que haga, incluso si "saquea el oro del Banco de España". La pregunta es si esa lealtad es compatible con la democracia o es más bien un obstáculo para la renovación política.
El futuro de la discusión pública
La digitalización ha fragmentado el debate público. Cada medio tiene su público: El País atrae a esa izquierda nostálgica, mientras que menéame o Twitter albergan perfiles más radicales. El resultado es que la conversación se ha vuelto endogámica. No hay intercambio real, solo afirmación de identidades. Lo que no resuelve este debate es cómo revertir la radicalización de las bases mediáticas cuando el propio modelo de negocio (suscripción) las alimenta. La solución tal vez pase por eliminar los aforamientos y desvincular a la Justicia de la política, pero mientras el 90% de los comentarios sigan siendo de "viejos rojos", el cambio parece lejano.
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