Sawa
Madmaxista
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Hay un concepto que me…
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El capitalismo podría ser una sofisticada inversión de intenciones, donde la apariencia de cuidado oculta propósitos distintos, similar a ciertas filosofías que ven la inversión como eje central.
Se plantea una idea fascinante: que el capitalismo, en su esencia, funciona como una gran inversión, no solo financiera, sino de intenciones. Imagina que la verdadera meta de un sistema es lo opuesto a lo que muestra. Si la intención es dañar, se presenta como cuidado; si el objetivo es perjudicar, se disfraza de beneficio. Esto, llevado al extremo, describe una inversión de la realidad donde lo que vemos es el reflejo invertido de la intención original. Es un juego de apariencias, donde la élite, según esta visión, utiliza el sistema como un prisma para mantener a la población hipnotizada, enfocada en la inversión de los propósitos reales.
En este esquema, la dinámica política no escapa. Se sugiere que la izquierda no busca simplemente superar a la derecha, sino impulsarla hacia un nivel superior, hacerla evolucionar en su propia naturaleza. La derecha, a su vez, operaría de forma similar. Ambos polos, lejos de ser enemigos irreconciliables, serían como imanes que, al atraerse, aumentan el recorrido de un movimiento pendular. Este movimiento define y, a la vez, conecta a ambos, creando una especie de danza constante. Es una visión que entiende las fuerzas opuestas como elementos necesarios para un mayor impulso.
La visión se torna más sombría al hablar de la tecnología y su relación con los conflictos. Se compara el avance tecnológico con el de un matadero industrializado, donde la meta es maximizar los "sacrificios". Las guerras, en esta perspectiva, se vuelven cada vez mayores porque la tecnología permite atender a más "ganado". Las sociedades humanas, vistas como una "granja", repueblan y crecen para alimentar esta maquinaria, ya que los "dueños" disponen de tecnologías avanzadas para producir sacrificios más numerosos con el mismo esfuerzo. La historia, en este contexto, perpetúa el engaño al suscribir la inversión de la verdadera naturaleza de los acontecimientos, presentándolos como ficciones concatenadas. Incluso la sanidad se plantea con un objetivo perverso: no sanar, sino mantener una sociedad enferma y dependiente del sistema.