La falsa disyuntiva migratoria: ni latinos ni magrebíes, ¿entonces qué?
Un analista ha vuelto a enfangar la discusión migratoria con un dilema imposible: España debería elegir entre migrantes de origen latinoamericano o de origen magrebí. Según su planteamiento, la primera opción comparte sustrato religioso y la segunda representa un choque cultural. La afirmación, hecha con una crudeza innecesaria, ha encendido una polémica que mezcla demografía, prejuicios y algo de demagogia. Lo curioso es que el dilema ni siquiera existe: las políticas migratorias no se diseñan a golpe de preferencias identitarias, sino de necesidades laborales y acuerdos diplomáticos.
La proporción que nadie ha verificado
Uno de los argumentos más repetidos es que España recibe siete migrantes latinoamericanos por cada magrebí. La cifra se ha difundido sin fuente oficial, y no está claro de qué período o de qué estadística se extrae. Lo que sí parece cierto es que el origen latinoamericano domina los flujos recientes por razones históricas y lingüísticas, mientras que la inmigración magrebí, aunque más visible mediáticamente, no es siempre la más numerosa. En cualquier caso, reducir el asunto a una competición entre colectivos es un error de enfoque.
Integración y segunda generación: el único consenso
Hay un punto en el que coinciden casi todos los análisis: la integración de la segunda generación es más fluida entre los latinoamericanos que entre los magrebíes. Se arguye que la lengua y la cercanía cultural facilitan la incorporación escolar y laboral, mientras que el componente religioso y las diferencias de valores generan más resistencias. Pero no es un fenómeno inevitable: depende de las políticas de acogida, del mercado de trabajo y de la actitud de la sociedad de destino. La generalización sobre colectivos enteros siempre falla cuando se aplica al individuo.
Al final, la cuestión no es si elegir entre latinos y magrebíes, sino qué modelo de integración quiere España. Mientras la discusión se encone en etiquetas y caricaturas, lo único que pierde es el conjunto de la sociedad. Y a esa pérdida no la arregla ninguna elección binaria.