Regularización masiva de 500.000 inmigrantes: el coladero que saturará servicios y hundirá salarios
El Gobierno ha aprobado por decreto la regularización de 500.000 inmigrantes en situación irregular, una cifra que, según los cálculos más elementales, se duplicará con la reagrupación familiar. La medida, presentada como humanitaria, es en realidad una bomba de relojería para el mercado laboral, los servicios públicos y la convivencia social.
El efecto llamada y la regularización permanente
Los 500.000 no son el final, sino el principio. Como ya se ha visto, el plazo de solicitud se ha ampliado hasta diciembre de 2025 y se prevén nuevas prórrogas. Se trata de una regularización continua, un coladero permanente que incentiva la llegada de más inmigrantes ilegales con la esperanza de ser regularizados en la próxima ventana. El efecto llamada está garantizado: cada oleada genera la siguiente.
Impacto en trabajadores y servicios públicos
La regularización masiva no solo aumenta la competencia en el mercado laboral, hundiendo los salarios en sectores como la hostelería y la construcción, sino que también satura la sanidad y la educación públicas. Los trabajadores nacionales y los inmigrantes que ya estaban regularizados ven cómo sus condiciones empeoran: los primeros, por el dumping laboral; los segundos, porque su esfuerzo por obtener los papeles se devalúa al ver que otros los consiguen sin pasar por el mismo proceso. Además, muchos empresarios preferirán seguir contratando en B o despedir a los regularizados para contratar a nuevos ilegales, perpetuando la economía sumergida.
Los presos también cuentan
El colmo de la medida es la instrucción a las cárceles para que faciliten la regularización de los presos extranjeros, que suponen más del 30% de la población reclusa (más de 15.000 personas). Así, tener antecedentes penales deja de ser un impedimento para obtener la residencia. Una puerta giratoria que convierte las prisiones en trampolines hacia la regularización.
El debate democrático brilla por su ausencia. Un decreto en un asunto tan sensible, donde la mayoría de la población se opone, demuestra que la democracia parlamentaria es un decorado. Da igual quién gobierne: el partido único, representación de la banca y el poder corporativo global, sigue aplicando la misma receta de mano de obra barata y servicios precarios para todos.
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