Torremolinos, 2026: el vídeo que retrata la España que no sale en las postales
Un pakistaní golpea con un palo a un marroquí que intentaba robar en su tienda, mientras un transeúnte graba y advierte: «nunca des la espalda a un moro». Al fondo, un restaurante chino. La escena, ocurrida en Torremolinos, se ha viralizado como síntoma de una convivencia que muchos ya no reconocen. Los comentarios oscilan entre la aprobación de la autodefensa y la denuncia de la degradación social.
El decorado de un esperpento
La imagen tiene todos los ingredientes de una tragicomedia: un inmigrante pakistaní arreando a otro inmigrante marroquí, con un chino de testigo mudo. Los usuarios describen el entorno como «derrochador» y recuerdan que Torremolinos, antaño destino de turistas nórdicos, hoy es un escenario de locales cutres, playas ocupadas por vendedores ilegales y una sensación general de abandono. «Parece un sketch de los Monty Python o de Benny Hill», resumen algunos, pero sin humor.
¿Quién aplica la ley?
El vídeo plantea una pregunta incómoda: ¿quién hace justicia cuando el Estado no llega? El comerciante pakistaní no esperó a la policía; resolvió el robo a su manera. Una corriente de opinión defiende que «al final se instaurará la sana costumbre de cortar una mano a los ladrones», mientras otra lamenta que la única autoridad visible sea la de un extranjero. «Si llega a ser Paco Pérez, abriría telediarios», ironizan.
La España de 2026
El año 2026 se repite como una fecha simbólica: la del futuro que ya está aquí. Para muchos, el vídeo es la prueba de que el país avanzó hacia un multiculturalismo fallido, donde las comunidades inmigrantes coexisten sin integración y los espacios públicos se degradan. Otros responden que Torremolinos siempre fue un lugar «patético» y que la nostalgia es selectiva. Lo único indiscutible es que la escena no genera indiferencia.
El viral de Torremolinos no es una anécdota aislada: es un termómetro de la temperatura social. Mientras unos aplauden la autodefensa, otros ven el colapso del modelo de convivencia. La pregunta que queda en el aire es quién escribirá el siguiente capítulo.
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