El doble rasero de la autodeterminación: Donbás, Ucrania y la OTAN
¿Puede un territorio decidir su futuro por voluntad popular y otro no? El debate arranca con una paradoja que incomoda a propios y extraños: si se defiende que el Donbás elija estar con Rusia, ¿por qué se niega ese mismo derecho a Ucrania para acercarse a la OTAN o a la UE? La pregunta, lanzada sin anestesia, destapa una discusión que mezcla historia, geopolítica y mucha hipocresía.
El argumento de la seguridad nacional frente a la voluntad popular
Una de las primeras respuestas no se anda con rodeos: el derecho a decidir existe «siempre que sus vecinos se lo den». La seguridad nacional prima sobre cualquier otro principio. Se compara con una Cataluña independiente que al día siguiente instala bases militares de Marruecos o del Reino Unido. La conclusión es que la independencia de Ucrania fue un error por sus consecuencias, no por su legitimidad. Otros añaden que se trata de una guerra civil entre hermanos, con actores externos engordando a costa del conflicto.
La cuestión de fondo es si la autodeterminación es un derecho universal o una herramienta de política exterior. Se cita Kosovo como precedente: allí la voluntad popular justificó una independencia y bombardeos, mientras que en la República Serbia de Bosnia no valió. La conclusión que se extrae es que los imperios no tienen principios, solo intereses. Y que la OTAN, lejos de ser una alianza defensiva contra la URSS, sigue existiendo cuando la URSS ya no está, lo que para algunos la convierte en una alianza contra Rusia.
La historia como arma arrojadiza
El pasado se convierte en campo de batalla. Se discute si Ucrania es histórica y culturalmente Rusia. Unos sostienen que la Rus de Kiev es el origen común y que los ucranianos son los rusos que se quedaron. Otros replican que los moscovitas se separaron y que el concepto de nación es posterior, por lo que apelar a la historia para justificar derechos políticos actuales es un absurdo. Se trae a colación el referéndum de 1991 sobre la continuidad de la URSS en una nueva estructura, la Unión de Estados Soberanos, que fue aprobada pero nunca se firmó. Las fronteras exsoviéticas, se argumenta, son artificiales porque Moscú las diseñó para rusificar las repúblicas.
El paralelismo con España y Portugal o con México y España sirve para ilustrar que las identidades cambian y que ningún territorio es eternamente de nadie. La discusión deriva hacia si el derecho de autodeterminación es una invención de Wilson para balcanizar Europa tras la Primera Guerra Mundial, y si hoy se aplica selectivamente según convenga a las potencias.
El papel de la OTAN y la libertad de elegir
La OTAN aparece como el elefante en la habitación. Se la describe como una organización militar agresiva, con bases en Europa que apuntan a Rusia. Se menciona que solo en Alemania hay 47 bases militares estadounidenses. Para algunos, permitir que Ucrania se una a la OTAN es como permitir que un vecino te ponga una pistola en la cabeza: justifica una reacción preventiva. Para otros, negar a Ucrania ese derecho es negar la libertad misma. El choque de argumentos es frontal: o la autodeterminación vale para todos o no vale para nadie.
La discusión se enreda con acusaciones de doble rasero. Se recuerda que España no reconoce oficialmente Kosovo para no perder provincias, pero aceptó de facto la secesión kosovar. Y se subraya que Estados Unidos no permitiría la independencia de Texas porque sería el fin de su tiranía planetaria. La conclusión que sobrevuela es que la voluntad popular solo es válida si coincide con los intereses de las potencias.
¿Qué pasó con el Donbás y por qué importa?
Se aporta un dato clave: según un participante, la gente del Donbás no quería la independencia, quería un estatuto de autonomía para seguir usando el ruso como lengua local. La guerra llegó cuando se les denegó y comenzó la represión por la vía militar. Ese matiz desmonta la simplificación de que todo era un plan ruso desde el principio. La discusión deriva hacia si Ucrania tiene derecho a decidir su futuro o si, por el contrario, su independencia fue un error histórico que ahora se paga con sangre.
El cierre del debate no llega. Unos siguen defendiendo que Ucrania es Rusia y que nunca debió independizarse. Otros mantienen que si el Donbás pudo elegir, Ucrania también. Y en medio, la sensación de que el derecho internacional es papel mojado cuando choca con los intereses de las potencias. ¿Alguien tiene una respuesta que no sea «depende de quién lo pida»?