Qué está pasando en Ceuta y por qué no es lo que parece
¿Qué está pasando en Ceuta y por qué medio mundo mira ahora al estrecho de Gibraltar? La crisis institucional y migratoria que ha puesto a la ciudad autónoma en los titulares tiene menos de espontánea de lo que parece. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha dejado ver por la zona, ha hecho promesas vagas, se ha fotografiado y ha regresado a Madrid. El circo, a juicio de los análisis más escépticos, persigue desviar la atención de los frentes abiertos en la Moncloa.
El teatro de la frontera: cortina de humo con valla
El mecanismo no es nuevo. Cuando los titulares de corrupción aprietan, aparece una crisis en Ceuta o Melilla: un grupo de migrantes intenta el salto a la valla, Jovenlandia hace ruido diplomático y los informativos cambian de tema. La secuencia, denunciada por una corriente de análisis económico y político, se repite con precisión de guion. No se trata de negar la presión migratoria real sobre la frontera sur, sino de subrayar que la gestión de la crisis sirve, sobre todo, para algo: que no se hable de lo que importa.
Jovenlandia, el grifo que abre y cierra
En el otro lado de la mesa, Rabat maneja la frontera como un instrumento de presión. A los que hablan de “cientos de camiones” cargados de forasteros se les responde que no hay parte de aduanas que lo confirme, pero la pauta es tozuda: cuando interesa, el flujo se intensifica. En paralelo, el contraste con Gibraltar se ha vuelto inevitable. El Peñón británico vive del contrabando de tabaco y de su puerto, mientras Madrid paga los costes de mantener dos ciudades en el norte de África. Los paralelismos con la historia, desde Don Julián a Tariq, circulan con ironía: la caída de un imperio rara vez tiene causas solemnes.
¿Soberanía compartida? Ni de coña
El rumor de una eventual cesión o co-soberanía con Jovenlandia ha sido descartado por los análisis más solventes. Ceuta y Melilla no se ceden porque no hay nada que ceder: son España desde hace siglos, y Jovenlandia ha preferido siempre el Sáhara como objetivo. La palabra “soberanía compartida” es, en esta lectura, una fórmula para que la prensa europea hable de “diplomacia valiente” mientras el estatus no cambia. Lo que sí está en juego es el puesto de Sánchez: algunos analistas apuntan a que el desgaste de la crisis, y las tensiones con la Casa Real, pueden costarle el cargo antes de lo previsto. Otros sostienen que es intocable.
Mientras tanto, las personas que intentan cruzar la valla siguen siendo el material de trabajo de un chiringuito humanitario que da de comer a ONGs, funcionarios y portadas. Y Ceuta, otra vez, espera a que el telón se levante para lo siguiente.