Guardar lo obsoleto: ¿inversión de futuro o acumulación inútil?
El coleccionista que compra dos consolas, una para usar y otra para guardar precintada, no es un excéntrico. En los últimos años, las consolas retro como la Super Nintendo o la N64 han multiplicado su valor. Pero la misma lógica no aplica a un montón de monitores LCD de 51 pulgadas que pesan como losas. El debate sobre qué merece la pena conservar del pasado divide a los aficionados entre la nostalgia rentable y el síndrome de Diógenes digital.
El mercado de las consolas retro: un negocio de precinto
Existe una corriente que apuesta por duplicar las compras: un ejemplar para disfrutar y otro para mantenerlo sellado. La experiencia demuestra que consolas como la Game Gear, la Mega Drive o la Super Nintendo, si conservan el precinto original, pueden alcanzar precios astronómicos en subastas. La escasez de unidades en perfecto estado, sumada al tirón nostálgico de los millennials con poder adquisitivo, convierte estas piezas en activos revalorizables. Quien compró una N64 hace veinte años y la guardó sin abrir hoy podría multiplicar su inversión por diez o más.
LCD y otros trastos: el coste de almacenar cochambre
No todo lo obsoleto se revaloriza. Tres monitores LCD de 51 pulgadas, dos de 31, y otros cacharros electrónicos ocupan espacio y pesan. En un piso de 80 metros cuadrados, almacenar estos objetos es un lujo que pocos pueden permitirse. Algunos defienden que los monitores CRT antiguos sí podrían cotizarse entre coleccionistas de videojuegos, pero los LCD planos carecen de ese atractivo. El coste de oportunidad del espacio es alto, y lo que hoy parece un tesoro mañana puede ser un estorbo que nadie quiere ni regalado.
El apagón que revaloriza las radios
Hay quien guarda radios viejas por si viene un apagón eléctrico. La tendencia en Alemania de instalar baterías de balcón con placas solares refleja una conciencia creciente: cuando la red cae, los aparatos analógicos que no dependen de internet recuperan su utilidad. Una radio de pilas puede convertirse en el único medio de información durante horas. Quien la conservó tendrá una ventaja que el smartphone, perecid sin cobertura, no puede dar.
DVDs políticamente incorrectos: ¿el próximo coleccionable?
Otra apuesta de futuro son las películas en DVD que las plataformas de streaming empiezan a censurar o retirar. El contenido que hoy se considera inapropiado podría convertirse en material de culto para quienes buscan un humor o una estética que la corrección política ha barrido. Si la tendencia continúa, esos discos bien conservados podrían alcanzar precios elevados en el mercado de segunda mano. La pregunta es si la demanda será suficiente para justificar el espacio que ocupan.
Lo que nadie sabe es qué objetos de hoy serán los tesoros de mañana. Quizá la respuesta no esté en el valor intrínseco, sino en la capacidad de anticiparse a una escasez —energética, cultural o tecnológica— que nadie quiere ver venir.
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